sábado, 8 de noviembre de 2008

Tomás Fernández Robaina reflexiona a propósito del Centenario del P.I.C.


Alberto Abreu

Hace poco fui a visitarlo a la Biblioteca Nacional José Martí donde labora como especialista del Departamento Bibliografía Cubana. Andaba de tránsito por La Habana y no quería irme sin saludarlo. Llegué fatigado por el calor. En la recepción me informaron que bajaría en un momento. Espere unos minutos en el lobby mientras fisgoneaba, a través de la puerta de cristal de una de las salas, los lienzos de una futura exposición: sin colgar, desordenado por todo el local. Mientras llegaba decidí gozar de la brisa que, corría por la puerta principal. Y volví a colocarme justo a la entrada. Fue entonces lo veo avanzar en dirección a mí, sonriendo con malicia. Su figura minúscula desplazándose con admirable ligereza como regenteando, por los amplios pasillos de aquella institución, persistente, infatigable.

Luego de intercambiar chismes, libros, referencias… le hablé de mi intención de entrevistarlo a propósito del centenario de la constitución del Partido Independiente de Color. Después de muchas llamadas, llegó finalmente por e-mail la respuesta a mi cuestionario. Mi entrevistado: Tomás Fernández Robaina es autor, entre otros volúmenes, de Bibliografía de estudios afrocubanos (1969), Índice de revistas folklóricas (1971), La prosa de Guillen en defensa del negro cubano (1982), Recuerdos de dos mujeres públicas (1984), y de un libro que se ha vuelto de imprescindible consulta: El negro en Cuba (1990). Recientemente la colección Echú Bi de la Editorial Ciencias Sociales acaba de poner en el mercado la segunda edición de su libro: Hablen paleros y Santeros.

Cumplido este protocolo de la presentación haré entrar de inmediato al lector en la escena de esta entrevista.

Tratándose de ti y como estamos celebrando el centenario de la fundación del Partidos Independiente de Color comencemos con una pregunta ineludible: ¿Desde la perspectiva de los cien años transcurridos cuál cree que haya sido el principal aporte del PIC a las luchas del movimiento negro y la historia de Cuba?

La mayor contribución del Partido Independiente de Color (PIC) al movimiento social de los negros, y a la historia de Cuba, en particular, fue haber mostrado la opción política independiente como una alternativa importante en la lucha contra la discriminación racial de la cual eran víctimas. Este hecho marca la madurez política de los que integraban un sector del movimiento ya mencionado. En el acta de constitución de dicha organización se expresa nítidamente que su propósito: no integra odio, ni animadversión hacia nadie, que todos los cubanos tienen el derecho de apoyarnos o combatirnos, pero que nosotros inspirados en una obra alta y generosa, tenemos el deber de mantener el equilibrio de todos los intereses cubanos, y que la raza negra tiene el derecho de intervenir en el gobierno de su país no con el fin de gobernar a nadie, sino con el propósito de que se nos gobierne bien. (Previsión 15 sept., 1908)

Por supuesto, las contradicciones e intereses económicos y políticos de los blancos y negros cubanos que, ya disfrutaban de determinados espacios laborales, y sociales fueron elementos decisivos para que la alternativa estenozista fracasara rotundamente. Esa opción política no volvió a ganar adeptos y por lo tanto desapareció del discurso reivindicador del movimiento social del negro cubano de antes y después de 1959.

¿Cuáles siguen siendo las zonas oscuras y de prolongado silencio en la historiografía oficial cubana a la hora de abordar este tema?

La trascendencia de la fundación del Partido Independiente de Color, para el movimiento social del negro en Cuba y en América, no se ha destacado por nuestra historiografía, porque no ha reconocido la relevancia de tal hecho. No se ha divulgado ni debatido, de manera amplia, el programa político social; y en igual medida el pensamiento que se conoce de Estenoz y de algunos voceros del PIC quienes reflejaron en sus escritos, la ideología patriótica, de integración social y de igualdad de derechos para todos los cubanos. El re-conocimiento de tales textos (aparecidos principalmente en Previsión, y Reivindicación, y en otros órganos de prensa) aportan los elementos que demuestran, de modo objetivo, las justas razones que animaron la existencia del PIC. Y, por lo tanto, evidencian que los racistas no fueron los Independientes, sino quienes los acusaban de serlo por querer hallar un camino para lograr una patria más martiana: con todos y para el bien de todos. Sin descuidar la especial atención a los históricamente marginados del disfrute de todos los derechos sociales.

Creo haber leído en tu libro El negro en Cuba que la masacre a los Independientes de Color fue un duro golpe para el negro y sus luchas por la emancipación y el acceso a los espacios de representación y visibilidad social dentro de la nación cubana del cual nunca se pudo recuperar. Sin embargo, otros opinan que en la década del cuarenta ya ese momento estaba superado. ¿Cuál es tu valoración en este sentido?

Como bien dije antes, la opción política independiente no fue tenida en cuenta, de manera objetiva, por los que continuaron la lucha social del negro. Sin embargo, en una fecha como septiembre de 1918, bien cercana al año de la desaparición del PIC, Armando Pla, examinó críticamente las cuatro soluciones o tendencias que habían esgrimido el movimiento social del negro. Ellas fueron: la individualista, la colectivista social, la colectivista política dependiente, y la colectivista política independiente, (Armando Pla. Ad Rem. La Antorcha, 3 sept. 1918:1) Posteriormente emitió un juicio muy revelador, como se desprende de sus palabras: “[…] ¿se admite que en política existe un interés negro? ¡Ah!, entonces hay que reconocer que nadie mejor que los negros sabrán y podrán defenderlo. Luego tuvo razón Estenoz e Ivonnet y Lacoste, no la tuvieron ni la tienen los que antes fueron y ahora son contrarios a los partidos unirraciales. (Armando Pla. “El problema negro en su aspecto político” La Antorcha 20 ag. 1918:1) El comentarista la señala opción que los negros puedan agruparse en un partido nuevo para defender sus intereses. Sin embargo, aconseja que, dicha opción, debe surgir alejada de toda relación con el PIC. Esta propuesta evidencia una contradicción bien palpable. Aún más porque no indicaba como esa organización podía fundarse distante de los principios básicos del programa del PIC. ¿Estaría pensando en un partido proyectado hacía la defensa de los derechos del negro, pero abierto también a todos los blancos que desearán militar en el mismo? El resultado objetivo fue que esa tendencia no halló eco en la historia republicana de nuestro país, a pesar de las reflexiones de Pla en esa dirección. La lucha se orientó, entonces, por otros caminos o tendencias, algunos ya mencionados, pero que no habían sido explicitados como: la necesidad de la superación individual, preconizada por Juan Gualberto Gómez (1854-1933), y enarbolada por todos. Siempre se pasa por alto que desde 1913, empezaron a aparecer, con regularidad, en la prensa escritos y encuestas sobre la problemática racial. Por ejemplo: la columna de Ramón Vasconcelos desde el diario Prensa (1915-1916) quien escribió con el seudónimo de Tristán : “Palpitaciones de la raza de color. Crónica escrita para negros sin taparrabos, mestizos no arrepentidos y blancos de sentido común.” El semanario La Antorcha, desde donde escribía Pla… Estos textos evidencian la visibilidad del movimiento social del negro. También a finales del veinte aparece, en el Diario de la Marina, la columna Ideales de una raza, que se expandió como página dominical hasta 1931, cuando su autor, Gustavo E. Urrutia (1881—1958), continuó escribiendo no sólo sobre la problemática racial en Cuba, pero ahora en la columna Armonía (1928-1958). En sus páginas, nacida en la edición dominical ya nombrada, la cual mantuvo casi hasta su muerte. Sin embargo, a partir de la década del cuarenta la problemática racial no fue asumido por el articulista con la frecuencia de los años anteriores. Los años iniciales de la década del treinta vieron surgir el espacio La marcha de una raza, llevado por Lino Dou, el cual no se mantuvo por mucho tiempo. Recuerda que son los años de la caída del tirano Machado y el surgimiento de una época revolucionaria, durante los cuales se expande la percepción de la lucha contra el racismo con un enfoque clasista; marxista, que veía la solución del problema racial en la abolición de las diferencia y opresión de las clases sociales. Esta coyuntura político-social propició la creación la Sociedad Adelante y su órgano de prensa de igual nombre. En sus apreciamos las luchas del negro cubano por sus derechos, conjuntamente con los esfuerzos culturales y sociales de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, fundada y presidida por Fernando Ortiz. Fernando Ortiz junto con otros intelectuales de ese momento contribuyeron al rescate, conocimiento, y difusión de los aportes de la herencia africana a nuestra cultura e identidad nacional. Por supuesto, todo este proceso de lucha política y social se reflejó en la Constituyente del cuarenta y en la Carta Magna, que se aprobó ese año, donde se reconocía la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos cubanos sin tener en cuenta la raza. El movimiento social negro nunca estuvo paralizado, aunque evidentemente, se abandonó por completo la tendencia política independiente, a pesar del objetivo análisis de Armando Pla. Justamente en la década del cuarenta Juan René Betancourt comienza a publicar sus textos contra la discriminación racial. Él es la figura más controversial y de mayores aportes de este movimiento en los años anteriores al triunfo de la Revolución.



Otra pregunta, también, ineludible. Tiene que ver con las Comisiones de Trabajo creadas en Cuba para las celebraciones del Centenario del Partido Independiente de Color. Teniendo en cuenta tu prestigio intelectual y conocimiento sobre el tema, el cual va más allá de los libros e investigaciones por tí publicadas y que te han consagrado como una autoridad sobre el tena dentro del ámbito académico internacional y en otros circuitos. Me gustaría saber cuál ha sido tu rol dentro de las mismas.

El 4 de julio del 2006, en el acto en homenaje a los promotores culturales de las comunidades en el salón de los vitrales, en la base del monumento a Antonio Maceo, propuse que se creara una comisión o comité para organizar las actividades que deberían hacerse en conmemoración al Centenario del PIC. Considero, que era un modo más de continuar con la política de dar a conocer hechos de nuestra historia que la historiografía burguesa había silenciado o tergiversado deliberadamente. Mi propuesta fue acogida por todos los presentes, y el propio Esteban Lazo señaló que Roberto Zurbano y yo, formaríamos parte de esa Comisión. Después no tuve noticias de la Comisión hasta el día que me citaron a una reunión en el Archivo Nacional, conjuntamente con otros especialistas de diversas instituciones, donde se nos comunicó que Fernando Martínez Heredia, había sido nombrado presidente de la misma y Leyda Oquendo como secretaria. Allí, se nos solicitó propuestas sobre lo que se debía hacer. Aproveché la oportunidad y les hice entrega de una carta fechada el 12 de junio en la cual, además de plantear la creación de la comisión del centenario del PIC, presentaba un programa de las actividades y acciones que se debían emprender, entre las que se encontraban convocatorias para concursos plásticos, ensayísticos, musicales que abordaran temas relacionados con el PIC; así como la celebración de un evento teórico para reflexionar, debatir sobre las causas que determinaron el nacimiento de esa organización, así como las distintas valoraciones emitidas por los historiadores cubanos y extranjeros. Fui invitado a participar en la mesa redonda sobre el PIC con la cual concluyó un evento organizado por el Departamento de Estudios del Caribe, de la Casa de las Américas a principios de este año. Entregué, para su revisión, un boceto de la convocatoria para el evento científico a celebrar. He apoyado con mi asistencia e intervenciones en los actos que he podido concurrir, por haberme enterado a tiempo. Estoy y estaré siempre dispuesto a dar mi apoyo a todo lo que se haga en pro de divulgar la importancia de su fundación, y de todo lo que sucedió después. Espero que antes de la fecha del centenario y que concluya el año, se incrementen las actividades y la publicidad sobre este acontecimiento, no solo necesario y justo desde el punto de vista histórico y social; sino también político. De una vigencia medular en los espacios actuales donde se debaten aspectos esenciales de la Cuba de ayer y de la de hoy.

Desde luego que la pregunta fue formulada con toda intención. Pues ella me permite colocar en esta entrevista otra preocupación no sólo mía, sino de un grupo de intelectuales. Y tiene que ver con ciertas posturas y gestos oportunistas dentro de algunos intelectuales en Cuba que han visto en este boom del subalterno y el mercado teórico abierto internacionalmente en este campo. La oportunidad para legitimar determinadas aspiraciones personales que privilegian o enmascaran detrás de una utopía social auténticamente reivindicadora de los márgenes. ¿Qué opinión tiene sobre este hecho? Y todavía más ¿qué estrategias propones frente a estos gestos de tachadura y de exclusión de intelectuales que han consagrado durante años tiempo y esfuerzos al debate de estas problemática?

Todo proceso social, que trae cambios realmente profundos, en lo económicos, las estructuras políticas y sociales, y dentro del campo de las ideas; como los efectuados por la Revolución Cubana, no está exento de excesos y de defectos. No sólo por las interpretaciones de sus ejecutores, sino también por los objetivos que se plantearon al concebirse, y las políticas para materializar dichos cambios. Para ninguno de nosotros es un secreto que las coyuntura internas y externas de los primeros años fueron cambiando dialécticamente, influyendo de manera decisiva en las diversas políticas de la Revolución, en unas más, en otras menos. A veces con saltos visibles y en otros momentos con lamentables retrocesos o estatismos. Obviamente, todos estos cambios han estado en función, además, de salir de los caminos tomados equivocadamente, preservar el proceso y las utopías de la Revolución iniciada en 1959. Todas las revoluciones, históricamente, están marcadas por período muy difíciles donde prevalecen los prejuicios, los dogmatismos, las exclusiones de algunos grupos sociales por sus orígenes o filiaciones estéticas, religiosas, sexuales e ideas políticas. Las revoluciones del siglo XXI deben ser revoluciones inclusivas. En las que tal vez lo único que no pueda sumárseles sea los que este en contra del progreso, opuesto a que una revolución real materialice propósitos tan dignos. Las revoluciones anteriores no tuvieron ideólogos que llamaran la atención sobre estos hechos, y si los hubo, no fueron escuchados o fueron barridos por los quienes conscientes de lo que andaba mal, se subordinaron a las tendencias prevalecientes en la etapa en que este fenómeno fue más fuerte. No estoy refiriéndome a este momento sólo en su parte político, sino también profesional, artístico. Hablo de la mediocridad de no pocos funcionarios y dirigentes quienes se sintieron potencialmente amenazados, inseguros en sus posiciones, ante la presencia de otros más preparados profesionalmente; portadores de una condición realmente más humana y re-vo-lu-cio-na-ria. Mediocridad, temores, inseguridades... Amenazas que los llevaron a aplicar medidas arbitrarias y a readaptar otras para quitarse de su camino a los que les podían hacer sombra. Esto no se ha extinguido. Los que hemos sufrido de forma directa este tratamiento, hemos asumido diferentes formas de lucha para continuar, persistir en nuestros puestos de trabajo, y en nuestros empeños, seguro de que en algún momento todo cambiará. En mi caso personal, tengo mis propias líneas de acciones o estrategias. Las he denominado reivindicadora 1 y reivindicadora 2. La reivindicadora 1: reclamar los derechos, denunciar lo injusto de la política que se ha seguido, a pesar de los problemas que la actitud demostrada pueda acarrear. La reivindicadora 2. Trabajar, demostrar con el trabajo cotidiano, con los aportes que podamos hacer a nuestro país, que a pesar de todo, seguimos comprometidos, no de forma desinteresada, sino porque sabemos muy bien que hacemos lo correcto, que algún día nos será reconocido, no importa que ya estemos en la tumba y seamos fichas de un catálogo. No debo olvidar a quienes ante situaciones idénticas, donde también confluyeron otras razones personales, familiares, económicas, decidieron marcharse del país al no tener la posibilidad de otra opción. Por lo tanto, todos sabemos quién es quién en el espacio intelectual de nuestro país, quiénes se han acercado al estudio de la problemática de la racialidad negra por motivos verdaderamente nobles y quiénes para obtener beneficios y satisfacer su ego. Los jóvenes historiadores del futuro serán los encargados de ubicar a cada cual en el justo sitio, donde se haya ganado el derecho a estar.



En reuniones te he visto protestar enérgicamente frente al vacío, en los programas de educación cubanos de la historia del movimiento y del pensamiento negro. ¿Puedes hablarnos más en detalle esta carencia?

En 1996, desde las páginas de la revista Temas (sept.-oct.)expresé la necesidad de cambiar los planes educacionales de todos los niveles de nuestra sociedad, por la concepción eurocéntrica predominante en ellos. Las potencias colonialistas que se expandieron por América y el Caribe, y más tarde por África y otros continentes, intentaron borrar del imaginario la mente de los habitantes de la diáspora negra sus historias, tradiciones, idiomas y creencias. El cristianismo, en todas sus variantes, se puso en función de ese innoble objetivo. Una buena parte de la población de esos dominios respondió de forma amplia o parcial a tal política; otros, por el contrario, rechazaron, de forma abierta o simulada, teniendo en cuenta la mayor o menor presencia de la población aborigen, mestiza o africana existente. La visión eurocéntrica hizo ver, creer, que todo lo autóctono, lo vernáculo, debía ser rechazado porque eran señales de pueblos que se encontraban en estadios no tan avanzados o modernos, como el de las potencias colonialistas. Deseo subrayar, una vez más, en este sentido que el movimiento social de los negros cubanos asimilados se caracterizó por la lucha desde el punto de vista social, político y económico. No hay huella intelectual que refleje una demanda reivindicadora hacia las culturas de origen africano, practicadas en Cuba, como la de Fernando Ortiz. Urgida, además, por el criterio generalizado, de que en la medida que sus portadores murieran, tales creencias irían disminuyendo con el tiempo, en virtud de que las nuevas generaciones de jóvenes negros y negras, se irían asimilando a la cultura eurocéntrica. Aprovecho para recordarte, nuevamente, el ejemplo de Juan Gualberto Gómez quien alentaba la superación individual de la raza negra como una forma de luchar en contra de la discriminación racial y un modo borrar la diferencia de origen entre negros y blancos. Por supuesto, esa superación significaba identificarse, de forma visible, con los códigos culturales, religiosos, sociales y económicos del poder burgués colonial, posteriormente, burgués republicano En 1935 Gustavo E. Urrutia señaló la importancia de conocer y estudiar la historia y cultura de los africanos que poblaron nuestra Isla y otros países de América y el Caribe, y de quienes muchos de nosotros somos descendientes física y/o culturalmente. Los programas de historia de nuestro sistema educacional, en sus diferentes niveles, contempla el estudio de África, y de la presencia de los africanos y de sus descendientes en las guerras de independencia, en la economía, en la cultura, en la música, en los bailes, en la religiosidad popular, pero no del modo amplio y profundo, si tenemos en cuenta la dimensión, intensidad e inflexiones que abarca este fenómeno en la formación y la historia de la nación y desde los que se debería enseñar. Hace ya años se aborda la historia de África, y también del arte africano, principalmente, la última, en las carreras vinculadas con las disciplinas artísticas. La religiosidad de origen africano, practicadas en Cuba, se viene estudiando -en sus aspectos religiosos musicales, danzarios, visuales-, en centros docentes donde se forman instructores de arte de nivel medio, y también en el Instituto Superior de Arte y en la Escuela de Artes y Letras, de la Universidad de la Habana. La profesora Lázara Menéndez fue pionera en la Universidad de la Habana al comenzar a enseñar las peculiaridades de las prácticas religiosas de origen africano existentes en Cuba, y sus expresiones artísticas, principalmente, plásticas y danzarias. Considero que hay campos donde debería hacerse más énfasis, como en el pensamiento, en el aporte de los negros a la historia de las ideas de nuestra nación. En este último caso, por ejemplo, no se aborda de manera amplia el pensamiento antirracista de figuras tan notorias de nuestra historia como Antonio Maceo, Juan Gualberto Gómez, Gustavo E. Urrutia, Morúa Delgado, Lino Dou, Armando Plá, Walterio Carbonell, Teodoro Díaz Fabelo, Juan René Betancourt, Carlos Moore, Salvador García Agüero. La Biblioteca Nacional José Martí ha realizado una muy modesta contribución con los cursos de verano que imparte sobre la historia social del negro, los cuales durante un tiempo tuvieron cierta sistematización; ahora, seguramente, se restablecerán pronto. Como ves me siento optimista en que más pronto que nunca la presencia del negro cubano en la historia y en la cultura de Cuba será enseñada de modo más amplio y objetivo. A través de libros y textos que faciliten dicho conocimiento y estudios en nuestras escuelas y universidades.



El texto de la negritud se ha vuelo a colocar en los últimos años en América y en el Caribe como centro de debate y múltiples abordajes en el campo de las ciencias sociales y de las prácticas simbólicas. En el caso de Cuba ¿como observa Ud. las coordenadas culturales, sociales, políticas, intelectuales en que se ha venido desenvolviendo estos debates?

Pienso que te refieres al tema del hombre negro y de la mujer negra, de su participación social activa en la formación de nuestras sociedades caribeñas y americanas, y su situación actual, en particular, en nuestra Isla. Nuestra situación no puede analizarse desligado de lo que ha estado ocurriendo en nuestro continente, donde las demandas sociales de los afrodescendientes han tratado de disminuir y borrar el origen histórico diferencial de ellos, pobladores forzados de nuestras tierras, instrumentos de trabajos, esclavos, por los pobladores de origen europeo. Los prejuicios enraizados entre nosotros se solapan y no dejan apreciar de manera objetiva la necesidad que tenemos de dar más atención y espacio, no sólo para debatir, como en cierta medida se hace; sino también para tomar medidas efectivas contra el no siempre invisible racismo y sus secuelas, como he podido conocer en los numerosos talleres en donde se han denunciado tales hechos. Los más altos dirigentes de nuestro Estado. Gobierno Revolucionario, y Partido han reconocido la existencia lamentable de la discriminación racial y de otros males, que se hicieron más visibles durante el periodo especial. Sin embargo, los pasos que se han dado no han sido suficientes. Y los pocos espacios ganados en esta dirección necesitan consolidarse mediante la adopción de una política de integración social, donde, no haya la menor duda, de la política revolucionaria en este frente. Cuba asistió a la Conferencia de Durbhan, como consecuencia de ella, y de las luchas internas de los afrodescendientes; en muchos países se han adoptado políticas muy concretas en cuanto a la enseñanza histórica de las culturas y etnias africanas trasplantadas mediante la trata, y sobre sus aportes e importante papel en la formación de nuestras nacionalidades. En Brasil, Venezuela, entre otros países, se aplica una política con el objetivo de beneficiar a amplios sectores de la población afrodescendiente urgidos de reivindicaciones. Debemos hacer más de lo que hemos hecho, y darlo a conocer, tanto interna como externamente, para que se conozca con objetividad lo que se hace. Expandir esas acciones y sumar, cada vez más, en esta campaña, a los miembros de nuestra sociedad.



Sin embargo entre los diferentes momentos (digamos el de la década sesenta y el actual) por los que ha atravesado en Cuba este proceso de visibilidad y reivindicación social del sujeto negro o afrodescendientes, existen diferencias no sólo contextuales, sino también metodológica, teóricas, nuevas preguntas, otro tipo de mirada y abordaje del fenómeno (al menos entre los más jóvenes.)Sin embargo en el plano de la investigación historiográfica se ha dicho que no existen avances metodológicos, que los libros producidos siguen anclados en la perspectiva positivista de que adolece una zona bastante influyente del ámbito de las ciencias sociales y la academia cubana.

En los primeros años de la Revolución resurgió el tema racial como una continuidad de la lucha del negro por sus derechos anterior a 1959. Debo llamar la atención que dicha continuidad surge como una demanda o interpelación al poder revolucionario sobre la representatividad del negro y para que se pronuncie, dé a conocer la política antirracista de la Revolución. He dicho, en más de una ocasión, que no puedo asegurar que el llamado realizado por el máximo líder de la Revolución Cubana en su discurso del 22 de marzo y publicado al día siguiente (Revolución, marzo 23, 1959) para combatir la discriminación y los prejuicios raciales, presentar propuestas y hallar una solución en este sentido estuviera motivado por los artículos de Juan René Betancourt (“La cuestión racial”. Revolución 17 de enero 1959:4; “Fidel Castro y la integración nacional” Bohemia Año 51, no. 7, 15 febrero, 1959: 66, b122-123), a pesar de las cercanías de las fechas entre estos escritos y la publicación del discurso.

En mi nueva versión de El Negro en Cuba (1990,1994, 1997), aún inédito: Los afrodescendientes en Cuba: Tendencias sociales, políticas, culturales y religiosa, examino los documentos que se publicaron en la prensa y la adopción de una estrategia, en particular, ante el temor de que ese debate fuera aprovechado por los que oponían al proceso revolucionario y buscaban destruirlo.

Poco después surgen algunas voces jóvenes con inquietudes literarias, intelectuales que, influenciados por Cesaire, Senghor, y Lamas; comienzan a escribir, a hablar, a reflexionar sobre la identidad del negro cubano. Walterio Carbonell (1920-2008) replanteó lo expresado por Betancourt en cuanto a la necesidad de la representatividad del negro en los diferentes niveles de la administración pública de nuestra sociedad. El propio Walterio Carbonell propuso, junto con otros, la inclusión de un espacio para hablar de la problemática racial en la Conferencia Tricontinental que se celebró en la Habana en esos años. Pero ese embrionario movimiento no prosperó. Recuerdo a Luís Escobar, en una conferencia del intelectual martiniqueño Bangou, emplear la categoría cultura cimarrona, al referirse a la literatura no reconocida por la academia y por las instituciones oficiales.

Ahora me viene a la mente un juicio, que en una conversación, me manifestó la actual Premio Nacional de Literatura y Presidenta de la Sección de Escritores de la UNEAC, Nancy Morejón: “era mejor que esos jóvenes negros tuvieran preocupaciones intelectuales, y pensaran, a que se dedicaran a actividades delictivas”. Por otra parte, lo que apreciamos en la actualidad es una mayor expansión de la conciencia de que somos cubanos, ante todo, como bien dijera nuestro Martí, pero que, por muchas razones, los cubanos negros, a pesar de todo lo que hemos avanzado durante el período revolucionario, seguimos teniendo muchos problemas, algunos ya casi históricos, otros, tal vez de nuevo tipo. Ahora no se ven sólo a jóvenes o no jóvenes, hombres y mujeres intelectuales o no, señalando sus preocupaciones, sino también a santeros y santeras, babalawos, paleros, abakuas, y sumados a ellos los raperos, provenientes, muchos de ellos, de los sectores más populares de nuestra sociedad. Todos abogando por mejoras y cambios positivos de nuestra sociedad como una forma de combatir los prejuicios raciales. En la actualidad, hay una mayor participación de todos los miembros de las diferentes clases sociales en este batallar para disminuir, hasta su desaparición, las lacras que la diferencia de origen etnico, y la no adopción de políticas inclusionistas por parte de los gobiernos de Cuba Colonial, a partir de abolición de la esclavitud; políticas que tampoco fueron contempladas por los gobiernos republicanos. La Revolución confió excesivamente en el llamado a la conciencia individual y colectiva para combatir el racismo, y en su posición de no permitir y alentar acciones discriminatorias.

Sin embargo, al no proyectarse un programa especifico para combatir el prejuicio racial, y sus acciones concretas de discriminación y exclusión, los elementos reproductores de las ideas racistas tuvieron la vía libre para expandirse bajo formas a veces muy sutiles, otras, de modos más descarnados.

Ahora nos encontramos en un momento muy importante, en mi opinión decisivo, similar, en cierto sentido al ocurrido en 1959, pero muy superior porque hemos adquirido una experiencia que debe servirnos para no caer en los anteriores errores. La Revolución, en sus más altos niveles, ha reconocido la existencia de la desigualdad racial, y hay una conciencia más generalizada, en la mayoría de nuestra población, de la lucha que se debe emprender en este campo. Uniendo todos los factores en una estrategia y política participativa, podemos comenzara avanzar por el camino correcto, y obtener logros que pueden ser paradigmáticos para otros pueblos donde se combate también el racismo contra el negro y contra el indio. Juan Marinello señaló que Cuba parecía estar predestinada para ese fin, y Fernando Ortiz expresó que en Cuba se había avanzado más en la lucha contra el racismo que en otros países. Seamos coherentes y dignos con la continuidad de esos criterios.

Existen autores como Roberto Zurbano e Inés María Martiatu, Lázara Menéndez que están produciendo textos y haciendo análisis con un instrumental mucho más actualizado, propio de campos como los estudios subalternos, poscoloniales y los estudios culturales, e incluso de la teología de la liberación y con una perspectiva analítica que apela a la multi-trans-diciplinariedad. ¿No crees que ha existido la falta de diálogo que permita aprovechar los avances teóricos y las nuevas categorías y marcos interpretativos que van colocando estos autores?

Creo en el riguroso cumplimiento de las leyes del materialismo dialéctico. Hasta ahora, todos los que estamos reflexionando sobre la problemática racial, para hallar una solución que haga realidad el pensamiento de Antonio Maceo, nada de pedir como negro, todo como cubano. Lo hemos hecho con el aparato crítico que hemos tenido. No somos pocos lo que tenemos en cuenta las contribuciones y categorías que manejaron los que nos antecedieron en este combate: Juan Gualberto Gómez, Urrutia, Walterio Carbonell, por citar tres de los que ya he mencionado con anterioridad, y por supuesto, conocer los que están escribiendo sobre el tema en la Isla o fuera de ella, como los que publican en Temas, Caminos, Catauro, Criterios, América Negra, Encuentro de la Cultura Cubana, la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Del Caribe, Casa de las Américas y Anales del Caribe, entre otras revistas.

Fracasado el intento de revivir la Sociedad de Estudios Afrocubanos, en los años iniciales de los noventa, por un grupo pioneril entre los que se encontraban Tato Quiñones, Lázaro Buría, y Robaina, a los que se sumaron decenas. Algo más tarde surgieron , de manera espontánea, pero reflejando la necesidad del diálogo, del debate parcelas pequeñas, limitadas, pero que sumadas han contribuido a la existencia de una discusión constructiva, informativa, reflexiva, que ha influido, no en la medida que todos hubiéramos deseado, en la búsqueda de vías para combatir científicamente las secuelas del racismo en nuestra sociedad. Leyda Oquendo fundó su aula José Luciano Franco, en igual medida, el Programa Color Cubano, auspiciado por la UNEAC, lidereado por Gisela Arandia; el Simposio del Hip Hop, los cursos de verano sobre la historia del negro en Cuba que se han brindado en la Biblioteca Nacional José Martí y en la Casa de África, en la Habana Vieja, el movimiento de yorubización entre los babalawos y santeros; las agrupaciones y organizaciones que existen, como la Cofradía de la negritud, que trata de colaborar con la Revolución haciendo ver las áreas de insatisfacciones sociales de amplios sectores de la población negra. Considero que cada una de las entidades enunciadas han contribuido a la existencia de los espacios de debate, y a dar algunos pasos, como el lograr la existencia de las comisiones sobre la problemática racial a nivel del Comité Central del Partido. Todo se irá articulando, encontrará su centro de convergencia cuando lo que hacemos sea más conocido, reconocido, sobre todo el empeño superior que nos ánima, de una sociedad más justa, más equitativa, verdadero paradigma en este campo, como ya lo somos en otros.



Del programa del PIC ¿cuáles puntos tú, después de cien años, suscribiría?

Comenzaré por recordarte el artículo de Victor Cuella Vizcaino “El gozo callado”, donde relata su conversación, con viejos independientes, quienes le comentaron la alegría que sentían al ver satisfechas muchas de las demandas enarboladas. Por supuesto, yo los suscribiría todos, porque todos persiguen objetivos nobles. No pocos de ellos fueron satisfechos mucho antes del triunfo de la Revolución, como consecuencia de la lucha del movimiento obrero cubano, otros se han visto materializados más plenamente después de 1959. Pero lo que sorprende es su permanencia sobre la demanda de representatividad de los negros en los niveles de la administración pública, fundamentalmente; en el cuerpo diplomático, demanda aún no satisfecha plenamente. Mas no sólo las demandas anteriores: la historia posterior ha evidenciado que las propuestas del PIC pudieron ser una alternativa, una opción viable para la existencia de un equilibro y una mayor justicia social para todos los cubanos, porque como bien se dice en el Acta de Constitución, los Independientes no pretendían gobernar a nadie, sino que se nos gobernara bien. Un análisis objetivo de su programa nos permite apreciar que en sus consideraciones no hay ni un sólo elemento racista, sino más bien una tendencia muy integradora, pero desde el modo que tenían para manejar estos asuntos los políticos de entonces. Un partido racista postula la superioridad de la raza de sus miembros, los Independientes, por el contrario, se declaraban liberales. O sea que se pueden estudiar como un desmembramiento del Partido Liberal que, por supuesto, en esencia no era racista por admitir en sus filas a blancos y negros. Tal vez el nombre de Partido Independiente de Color, pueda considerarse un error, al abordar su historia, pero para los que en ese momento lo adoptaron tuvo que tener este nombre una significación muy especial, ya que las promesas que se hacían en vísperas de las elecciones, eran letras muertas una vez que alcanzaban las plazas de representantes, senadores. Deberíamos reflexionar de modo más profundo acerca de este Partido, y de su programa para deshacer el mito de que fue un partido racista, además de subrayar su trascendencia histórica, no sólo en Cuba, sino que en toda América. Parece haber sido el primer partido integrado sólo por negros de los países negriblanco.

¿Cómo caracterizarías al proceso social del negro en Cuba hoy en comparación con etapas anteriores?

No me resulta difícil caracterizar al movimiento social del negro cubano, desde el punto de vista histórico, como uno de los más progresistas desde la Colonia hasta su aparente desaparición al triunfar la Revolución Cubana, pues como bien te expresé, en respuestas anteriores, muchas de las reivindicaciones urgentes de amplios sectores de nuestra sociedad fueron satisfechas, parcial o totalmente, en los años posteriores a 1959. Las demandas de nuestra población negra se concentraron siempre dentro de un discurso social antirracista, en relación con las oportunidades de trabajo para quienes tenían el nivel requerido para desempeñar puestos laborales, y eran marginados, por sufrir ese plus dolor, del cual nos habló Urrutia, por ser negros. Así como las medidas no legales, pero tradicionales que les impedían el acceso a ciertos hoteles, restaurantes, balnearios, a la posibilidad de alquilar casas y apartamentos en algunos edificios. Se trataba de avanzar dentro de los códigos sociales implantados por la educación y la cultura eurocéntrica, el avance, como ya dije, sólo era posible alejándose de todo lo que nos recordara nuestros ancestros negros, venidos de África, de Haití, del Caribe. No pocos de los cubanos negros respondieron a dicha política desculturadora de forma plena, otros simularon, y siguieron apegados a sus culturas ancestrales, surgiendo lo que muy bien se le ha dado en nombrar intelectuales vernáculos, hombres y mujeres, portadores de esas culturas e historias negadas, que no demandaban mediante un discurso intelectual teórico sus derechos a ejercer esas culturas, sino que simplemente las practicaban, se apropiaban de los espacios. Fueron verdaderos sabios que mostraron que, realmente, no hubo un triunfo total de la cultura de la clase dominante, sino que las verdaderamente victoriosas, fueron las culturas y religiones de los históricamente marginados. Ahora la situación se ha complejizado, y en el seno de ellas existen tendencias que bien evidencian sus dinámicas particulares, que forman parte de un fenómeno general que se aprecia en todas las sociedades de población blanca y negra.

Hace poco hubo una polémica entre dos investigadores cubanos: Esteban Morales y Enrique Patterson a partir de un ataque que le hiciera el primero en su escrito “El tema racial y la subversión anticubana” ¿No crees que hacer pasar un tema tan sensible como el de la problemática racial por las orejas del esencialismo político impide articular nuestros debates y discusiones desde otras lógicas y posicionamientos históricos, culturales, regionales, globales, y humanos más urgentes y trascendentales? ¿Qué opinión te merece esta polémica en cuestión?

Para nadie es un secreto, que en dicho debate Esteban Morales salió muy mal parado. Para debatir sobre algo tan delicado, sensible como la cuestión racial, hay que manejar una información objetiva, tener un conocimiento real de lo que se está criticando. Sin información, conocimiento, y honestidad en el empeño que nos impulsa al combate, nos exponemos al ridículo. Todo lo anterior debe ser tenido más en cuenta si vamos a polemizar con alguien, con quién podemos estar de acuerdo o no, y sobre todo, si pretendemos hacer ese debate en un plano internacional donde serán muchos los que tendrán la posibilidad de acceder a esa discusión. El resultado ya es conocido.