sábado, 11 de abril de 2009

Esperar por el Destino es mágico y patético. Entrevista a Juan Benemelis


Por: Alberto Abreu

Historiador y escritor. Graduado en Derecho Internacional e Historia por la Universidad de la Habana; Juan Benemelis, (Manzanillo, Cuba, 1942) fungió como diplomático. Premio de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de Ensayo UNEAC en 1978; también Premio de Historia de la Sociedad Cubano Árabe, en 1979. Ha publicado cerca de unos diez títulos sobre historia, filosofía y política entre los que se destaca: Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003). En la actualidad colabora con diversos medios y se desempeña como conferencista. Reside en los Estados Unidos.

En esta conversación Benemelis reflexiona sobre figuras como Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado, Maceo; sus encuentros con personalidades de la diáspora africana como Mandela, W Dubois, sus experiencias en el proceso de descolonización del África y sobre otros tópicos como el miedo al negro dentro de los procesos formativos de nuestra nacionalidad.

Perteneces a una generación que arriba a la vida intelectual cubana en una coyuntura de muchas tensiones, de luchas entre grupos, filiaciones estéticas, filosóficas… En medio un contexto político internacional, también, muy peculiar como los fue la década del sesenta. ¿Qué recuerdos perduran de aquellos años en que eran tan jóvenes? ¿En que medida fueron configurando o ayudaron a perfilar una conciencia de tu identidad como negro?

Fui al África en la década de los sesenta cuando se iniciaba el proceso de descolonización. A los 19 años me paré delante de la pirámide de Keops y quedé aplastado. En el Museo de El Cairo, caminando por las galerías de las estatuas de los faraones fue una revelación descubrir que casi todos eran negroides; ahí se desvaneció el Egipto de Hollywood, de Víctor Mature que había visto en películas. La segunda gran impresión fue la vastedad del Sahara.

Ghana era un hervidero de políticos africanos que luego se transformarían en los principales estadistas y pensadores del continente. Allí conocí y departí con W Dubois, ya viejito con más de 90 años, cuando escribía su ensayo para la UNESCO. Dubois tenía un conocimiento vasto de la situación del negro en Cuba, y de él supe la importancia de la diáspora; hablaba un poquito de español. Allí estaban los antillanos que lanzaron la negritud, herederos de Padmore. Con Kenneth Kaunda, Hasting Banda y Julios Nyerere, que aún no eran presidentes, sostenía constantes discusiones políticas. Todos los sábados acudía a la escuela del Partido de la Convención en Winneba, donde se reunía un pequeño grupo con el presidente Kwame Nkrumah, Kofi Batsa el teórico, los hermanos Diop, famosos africanistas, el camerunés Woungly Massaga un filósofo bantú. De ellos conocí el panafricanismo, la importancia de Africa para las Americas negras, los relatos de las civilizaciones africanas, las filosofías africanas, la política del socialismo africano.

Invitado por el Asnatehene, el rey, pasé temporadas en Kumasi, capital de los temibles guerreros Ashanti, que estaban prohibidos de exportar a las Américas. Conocí al yoruba Awolowo y de él supe la importancia civilizadora de los yoruba y sus diferentes culturas. El teatro de los Fante y Ewe, de los cuales aprendió Roberto Blanco, eran mis favoritos. Estuve en Timbuctú, en un viaje por carretera desde Accrá, por todo el borde sur del Sahara hasta Djenne. En Timbuctú visité la universidad milenaria de Sankoré y ví los manuscritos escritos por africanos de siglos atrás.

Durante un mes tuve alojado en mi casa a Nelson Mandela, que era una figura corpulenta y todas las mañanas practicaba boxeo. En Zanzíbar me hice amigo íntimo y personal de Mohammed Babu, luego vicepresidente de Tanzania. Fuimos a mercados de esclavas que aún existían. Babu era un afro-árabe influido por el naserismo. Babu me consiguió las famosas Crónicas de Kilwa, las originales, que me sirvieron para escribir el capítulo de Kilwa-Mombasa en mi Historia del Africa.

Fui al Dahomey, hoy Benin, con un afro-cubano defensor de los derechos del negro cubano, Felino René Goire. En Abomey, los sacerdotes de Changó me permitieron entrar en el santuario de Changó, una estatua de barro pequeñita. Sólo ellos pueden verla y consultarla, me hicieron ese honor. Allí vi, en casas particulares y pequeños museos, unas estatuas yorubas increíbles, más impactantes que las conocidas en los libros de arte.

Departí varias veces con Jomo Kenyatta. Pese a que estaba lesionado psicológicamente y era un alcohólico debido a que los ingleses, en sus años de prisión, le daban el agua ligada con ginebra, pese a su incoherencia, con sus ojos inyectados, me impactó como el africano más brillante de todos los que conocí. De él extraje conclusiones como que las independencias, la democracia, el socialismo, el marxismo, etcétera, no resolvían los problemas tribales, raciales y de minorías étnicas.

Luego de tales experiencias, en Cuba, a pesar de Utopía, veía cómo aún perduraba la discriminación racial y la falta de equidad. Desde entonces comencé a escribir sobre la historia del África. Regresé de mis viajes lleno de libros inéditos y de crónicas desconocidas. Aprendí que era imposible explicarse la trata, la esclavitud, la diáspora, la discriminación, la aculturación del negro en las Américas sin conocer al África.

Tengo entendido que fundaste en Cuba la Cátedra de Estudios Africanos, que además fuiste diplomático, y participaste en el proceso de descolonización de África. De los intelectuales negros conocidos en aquellos años cuáles impactaron de manera positiva en tu formación como intelectual negro.

Si, a fines de 1970, de conjunto con Samuel Goldberg y Armando Entralgo fundamos en la Universidad de La Habana el Centro de Estudios Africanos, que tuvo una efímera duración. El propósito era ir formando profesores universitarios especializados en la historia del África, a la vez que elaborábamos textos sobre el tema. El colmo era que a José Luciano Franco le negaron que enseñara historia de Cuba en la Facultad de Historia, porque no era graduado universitario, y tuvo que hacerlo en el Pedagógico.

Pese a que existía una política exterior de acercamiento al continente africano, sin embargo, la temática africana como tal era rechazada, o simplemente tenida como poco importante. Eso era en todas las instituciones. Tanto en las universidades, en las editoriales, en los medios de prensa, cine y televisión, en toda la rama cultural.

Recuerdo mis enormes batallas porque se publicara el poema épico Chaka, y el ensayo sobre Ibn Jaldún. También cómo la editorial Ciencias Sociales se negó a publicar los libros de Cheik Anta-Diop, y de Frank Snowden, que mostraban la influencia afro-egipcia en el mundo greco-latino; simplemente los consideraron ofensivos; no podían digerir que la civilización griega era deudora en todos los órdenes de las egipcia y la nubia.

Asimismo, mis libros de historia del África nunca atrajeron la atención editorial, pese a que era la primera vez que un autor no anglo-francés se atrevía a tal empresa intelectual.

Te propongo conversar ahora sobre una de tus grandes pasiones como historiador: Maceo, específicamente, el Maceo intelectual, el polemista. Me interesa que me hables sobre cómo ubicas su contribución a la historia del pensamiento negro y de la historia intelectual de la nación cubana, dos historias indisolublemente ligadas.

La pregunta es fácil y difícil. Nuestro país se destaca por lo “intocable” de sus figuras históricas. Luego de que los colocan en el pedestal es imposible la labor del historiador crítico. Por ejemplo, los “próceres” del grito de Yara, el 24 de febrero de 1868, en conjunto, tenían más de 10,000 esclavos, con cepos, grilletes, mayorales, bicho-buey y perros cimarroneros.

Maceo es la figura independentista menos conocida por la injusticia histórica que sobre él se ha cometido. No existe una institución que estudie su impronta y su obra. Recién se han publicado ensayos a partir de documentación maceísta totalmente inédita en Cuba, que data de su estancia en la colonia de Nicoya, y que ofrecen una semblanza de su amplitud intelectual y su preparación personal para ser un estadista en la república.

Maceo escribió un ensayo, hoy extraviado, sobre la protesta de Baraguá. Baraguá no es el himno a la intransigencia… Baraguá es el reclamo de los generales negros orientales ante la indignidad de los generales blancos zanjonistas, casi todos camagueyanos y villareños, que se olvidaron del negro esclavo en su componenda. Ese es el verdadero sentido de Baraguá.

La representación de Martí-cerebro y Maceo-machete es un estereotipo intencional fabricado convenientemente a principios de la República, precisamente después de la masacre de 1912, momento que se sobre-valora también la impronta de Martí. Maceo era un liberal positivista, disponía de una extensa cultura, era un lector voraz y había estudiado a Locke, Kant, Montesquieu, Hegel, Adam Smith, Krauss, etcétera. Era el imán de toda la intelectualidad centro y sur-americana, y era el símbolo de la independencia y la abolición esclavista en Estados Unidos y Europa. Era el cubano de su tiempo más conocido internacionalmente. Por eso el verbo e intelecto de Martí no le impresionan, de ahí los choques entre ambos, amén de ser el soldado más brillante de la independencia.

Martí desata sus energías organizativas bajo el convencimiento erróneo de que la garantía para el éxito de la guerra anti-colonial en Cuba reside en el general Máximo Gómez. Ello es un giro que no está analizado a fondo, pues Maceo es la figura reverenciada por los negros y mulatos, los factores claves de la masa combatiente, la leyenda de los mil combates, la representación del abolicionismo en los Mangos de Baraguá, el símbolo de la lucha independentista cubana en el mundo entero, algo del cual Martí estaba supuestamente consciente.

A estas alturas de la conspiración martiana, éste menosprecia a Maceo y lo maneja como una figura de segunda fila, uno de los tantos generales a mano capaces de guerrear. Pero, ya en Cuba, Maceo no sólo se impuso como organizador por sobre Martí, del cual muchos especulaban, incluido él mismo, sería el factor decisivo para determinar el curso de la guerra, sino también en lo militar a Máximo Gómez, de quien se pensaba era el militar más competente. Recuérdese que Gómez quedó asombrado por Peralejo; de haber apresado Maceo a Martínez Campos, algo que estuvo a punto de lograr, acaso ahí mismo se hubiese decidido el destino de Cuba.

En justicia histórica, la revolución de 1895 es la revolución de Maceo…, con perdón de Martí y de Gómez. Habían dos centros de organización y conspiración independentista en los 1890, no uno: Estados Unidos con Martí, y Costa Rica-Jamaica con Maceo, el cual disponía de una organización interna producto de sus dos visita a la Isla, de ahí que cuando desembarca logra ensamblar con rapidez 5,000 mambises con armas y monturas, sin expediciones o dinero del Partido Revolucionario. La organización de Martí, que se esfumó tras su muerte en Dos Ríos, sólo comprendía el Occidente de la Isla, gracias a la labor de Juan Gualberto Gómez.

Él fue quien organizó el levantamiento de Oriente, él fue quien reclutó la negrada oriental para el ejército mambí… Él fue quien (tele)organizó el gobierno de Jimaguayú… Él fue quien se echó encima a todo el ejército español mientras Gómez, a criterios de Weyler, giro-vagaba por las Villas.

Nuestra la lucha por la independencia tiene como sainete trágico una virulenta lucha intestina de los generales racistas blancos mambises obstaculizando el ascenso y reconocimiento de Maceo. Hay que indagar con mayor profundidad las razones por las cuales Maceo cruza la Trocha y su muerte, también, aún no aclarada. Desde la república se tendió un manto de silencio sobre la misma, a pesar de que los tres generales que se hallaban a su lado en ese momento: José Miró Argenter, Ricardo Sartorio y Rafael Cerviño, y el coronel norteamericano Charles Gordon, todos plantearon que había sido una encerrona. La descripción de su muerte asumida por nuestra historia, es precisamente la versión del Dr. Máximo Zertucha, de su Estado Mayor, el que está acusado de espía de los españoles y a los cuales mantenía informado de todos los movimientos del Titán. Y eso está documentado por los historiadores españoles.

Juan Gualberto Gómez y Martín Morúa Delgado resultan dos figuras controversiales dentro de la historiografía cubana a la hora de examinar las estrategias elaboradas por negros y mulatos en sus luchas por su emancipación y por acceder a los espacios de poder y representación socio-política dentro de la República. ¿Qué reflexiones te suscita esta afirmación?

Los historiadores cubanos, casi todos occidentales y blancos, no han indagado en uno de los capítulos más interesantes de nuestra historia. Al leer los periódicos editados por Morúa, que se hallan en Cayo Hueso, y los artículos de Juan Gualberto, desde 1878 hasta 1910, uno se tropieza con un material rico e inédito; ambos discuten y argumentan en torno al tema del negro-mulato y su destino en la nación cubana. Después de esa extensa e intensa polémica nadie hasta el día de hoy, ni dentro o fuera de Cuba, ha analizado públicamente el sumario de la discriminación racial, y del futuro de la población negra-mulata en la nación como lo hicieron ambos. Es más, ese valioso material no ha sido recogido por los historiadores de la Isla y permanece en los archivos.

Lo interesante es que sus posiciones diferían; Juan Gualberto estaba impresionado por la revolución de Haití, Morúa venía de la escuela del discriminador sur estadounidense. La polémica me rememora la que tuvo lugar durante la lucha por los derechos civiles entre Martin Luther King y Malcolm-X. Todo está dicho ahí y para entender a Cuba hay que lidiar con ambos. Hay que recordar que Juan Gualberto es el padre intelectual del Partido Independiente… Ya el había sugerido un partido de los negros y mulatos allá por los años 1880.

Juan Gualberto es otra de las figuras no apreciada totalmente; de gran talento y el verdadero organizador del Partido Revolucionario. Morúa, en su tiempo, estaba considerado el más brillante periodista cubano, por encima de Martí, de Zambrana y de Juan Gualberto; hablaba cinco idiomas y Maceo lo consultaba constantemente para los problemas raciales, ya desde Jamaica, por eso no quiso incorporarse a la conspiración martiana pues consideraba a Gómez como un dictador, y por lo tanto pensaba que Martí era una figura decorativa del viejo general.

Morúa planteaba que era necesario darle poder económico y educación a la población negra y mulata, para ir ascendiendo al poder político, económico y social; de ir adquiriendo el espacio que les correspondía acorde con la composición demográfica. Juan Gualberto era más agresivo y consideraba que los negros y mulatos debían formar un bloque sin filiación política y que concediera su voto al partido que se comprometiese con brindar mayores beneficios a este sector poblacional, e ir presionando hasta lograr el objetivo de la igualdad total. Por eso Juan Gualberto y Morúa Delgado lucharon afanosamente para que se les concediera tierra a los negros y comenzaron en pie de igualdad con la población blanca. Por eso se los negaron.

Existe una similitud en la estatura intelectual y de pensamiento entre Martí, Juan Gualberto y Morúa Delgado que es imposible enfatizar a uno por sobre el otro, como se ha hecho en la historiografía y la proyección patriótica, al destacar solamente a uno de ellos: José Martí. ¿Acaso el mismo Juan Gualberto no dijo que para él, incluso sin Martí, Cuba hubiera llegado a la independencia?

La obra política de Morúa siendo ya senador es extensa. Se le evoca más por la ley que lleva su nombre que prohibió la existencia de partidos políticos en Cuba conformados en términos raciales. Esa ley – y toda su lucha a través de su vida por la integración racial y la igualdad de la raza de color – sólo se puede entender en el contexto de la época. Nadie recuerda que la constitución de 1902, muy superior como constitución a la de 1940, fue redactada y presentada por Morúa para su discusión.

Muy aviesamente, el ladino historiador criollo del siglo XX logró colgarle a Morúa Delgado y en menor medida a Juan Gualberto Gómez la culpa histórica de la masacre del 1912, tergiversando sus objetivos políticos. El culpable de la matanza de los negros tenía que ser un negro y no un blanco... y todavía repetimos tal esquema sin analizar qué pasó. Este es un capítulo de nuestra historia que aún merece estudio, sobre todo a partir de la perspectiva de estas dos figuras negras cimeras defensoras de los derechos de la población no blanca cubana, cada uno con sus virtudes y defectos. Tan es así, que las posteriores generaciones de intelectuales negros y mulatos cubanos aún repiten lo que perversamente la prensa republicana blanca inculcó por esa época, al colgar injustamente el sambenito a Morúa.

Se ha discutido mucho entre los afrodescendientes cubanos el tema del miedo al negro como un elemento recurrente dentro de la historia de la nación cubana desde la actualidad hasta el presente. ¿Cuál es tu tesis en este sentido?

El poder hegemónico blanco en nuestro país, desde mediados del siglo XIX hasta hoy, tiene como ideólogo central no a José Martí, sino a José Antonio Saco. Los argumentos que normalmente se esgrimen son los mismos que los emitidos por Saco. La élite blanca ha gobernado sobre un país cuya nacionalidad no logró cimentarse, pues la unión de todos por igual nunca se ha llevado a cabo por miedo al negro.

La ideología de supremacía blanca logra legitimarse definitivamente en nuestra Isla con dos hechos: la ingeniería social que alteró la demografía importándose un millón de ibéricos, y la “matanza de negros” en 1912, que estuvo a punto de transformarse en una guerra de exterminio contra toda la población negra de la Isla. Se olvida que los negros masacrados en Oriente, eran casi todos mambises, pertenecientes a la división Cuba, la división bandera de Antonio Maceo y Guillermón Moncada. Lo irónico es que los “voluntarios” que habían luchado a favor del colonialismo español fueron quienes masacraron, por miedo, a quienes habían llevado el peso de al guerra contra España.

Si bien gran parte de la población negra, ilusionada por su contribución a la independencia y por la figura de Antonio Maceo, retornó desilusionada a su sub-mundo de sociedades fraternales, religiones y cultura, una vanguardia política surgió a partir de 1907, buscando luchar por los derechos que les correspondían como partes iguales de la nación. Contra ellos se lanzaba una andanada periodística que trataba de comparar las intenciones del PIC con las conspiraciones y los levantamientos de la población negra durante el siglo XIX en Cuba, y Haití.

El medio al negro produjo la masacre de 1912 - cuyo saldo fue de 5,000 negros y mulatos muertos- a partir de ese momento el marco del hombre negro quedaría limitado al de músico, boxeador o cortador de caña. Se le han colgado como un sambenito toda suerte de lacras e imperfecciones, y se le adscribe además un comportamiento parasítico y criminal. A partir de tal momento fue total, hasta el día de hoy, la exclusión del negro y el mulato del poder político y económico, y de la representación social de lo cubano.

La masacre de 1912 fue una “lección” tan devastadora para la población negra-mulata, que aún hoy día, psicológicamente, se encuentra sin saberlo bajo su influjo al punto de considerar que reclamar lo equitativo es promover el racismo. Y eso se constata a diario, incluso entre los intelectuales negros y mulatos, los cuales sólo se plantean cuidar “los espacios” que el poder les otorga, sin plantearse que todo el meollo consiste en el poder político y económico del cual está excluido.

El miedo al negro impide que el racismo se discuta abiertamente en la Isla. El miedo al negro es el eje de la exclusión del poder, acorde con su peso demográfico, de los negros y mulatos.

Me gustaría continuar explorando este fenómeno. Sobre todo fascinante que resulta un desmontaje o (re) escritura de nuestra historia desde esta perspectiva. ¿Hasta que punto el miedo al negro es responsable de las estrategia teóricas de invisibilidad y exclusión desde la cual el discurso hegemónico de la blancura y su escritura de la historia ha construido al negro como sujeto que puede ser nombrado y representado sólo en los bordes de esa historia?

Mira, el tema de la invisibilidad y la exclusión es más serio de lo que nuestra historia refleja. No vamos a hablar el caso de las mujeres.

Al decidirse en la primera mitad del siglo XIX, la inferioridad biológica y antropológica del negro y su subsiguiente condena, se generalizaron las expresiones racistas de la casi totalidad de los intelectuales destacados en los siglos XIX y XX y el actual, que condenan los vínculos de los blancos con los negros y alaban lo europeo, identificando al pueblo cubano con la cultura española. Las presiones desculturalizantes han alienado la conciencia de los afrocubanos, los cuales se averguenzan de su color. Y, encima de todo eso, siempre se presentan las crisis, vicios y males sociales del país desde la óptica racista de una supuesta “degeneración” de las razas; de ahí todas las descalificaciones raciales del mulato y del negro.

La ambigüedad que está en el centro del pensamiento independentista, entre la aspiración a una nación y la conservación de los privilegios de las castas, se transfiere al hecho de la creación del Estado independiente cubano, y luego a las revoluciones. En ellos existe la coexistencia del rechazo y de la invocación anti-colonial.

Estos blancos independentistas formulaban un doble parlamento: el ser "americanos criollos" en contra de los blancos colonizadores, representantes también de los africanos libertos o esclavizados, pero al mismo tiempo, se revierten como "blancos españoles" a la hora de salvaguardar el privilegio hegemónico del poder frente a los africanos libertos o esclavizados. Al negarse la diferenciación racial, primero a través de una supuesta esclavitud bondadosa, después de un patriciado independentista "anti-esclavista", luego a través del mestizaje o del supuesto egalitarismo republicano y finalmente ante la supuesta revolucionaria eliminación de la discriminación, se ignora sistemáticamente toda forma de contribución negra a la sociedad cubana.

A pesar de todos los estudios, ensayos y demás, la problemática de la identidad cubana es un tópico que todavía se mantiene sin solución, pues los problemas raciales agobian el espíritu y la conciencia del afrocubano, en el cual el complejo de mulatez es primordial. El mulato está obligado a compartir las mentiras y falsedades de la sociedad blanca, en la cual el racismo es un problema colectivo, y para quienes tienen mezcla de sangre africana y blanca tienen menos posibilidades de escalar al poder dentro de la comunidad blanca. Es el mulato quien revierte con más fuerza el discurso mayoritario; es el mímico que se ha convertido en un verdadero calco del discurso hegemónico. Pero, como todo ente que imita, acepta sumisamente cualquier injusticia.

Al considerar que la identidad cubana, especialmente la afrocubana oscila entre dos mundos raciales, ello lo hace un ser totalmente indefinido, marcado por la obsesión de su físico. Entre los problemas más graves que confrontan los mulatos y los negros en Cuba se halla el de su doble herencia (africana y española). La falta de aceptación que tiene el afro-cubano con respecto a su herencia africana, al oscilar entre dos mundos, el mulato negado a concienciar su herencia negra y el blanco con su prejuicio racial. Asimismo, el racismo interiorizado de un individuo, que Fanon ha llamado “el conocimiento en tercera persona”, y que encuentra dificultad en desarrollar su esquema físico, consciente de que su cuerpo es una negatividad.

La respuesta a tu pregunta abarca también un importante aspecto del discurso colonial, el de su dependencia en el concepto de fijación en la construcción ideológica de la "otredad". Las contradicciones entre esos proyectos inclusivos de homogeneización cultural y las realidades de exclusión y discriminación experimentadas por los negros vienen a chocar para revelar la verdadera situación de integración racial. Y, esto no es sólo en Cuba; en el resto de Latinoamérica, la ideología de inclusividad racial se desarrolló por una necesidad política y no moral ni ética. Este proyecto fue, y ha sido alcanzado ya que el cambio ideológico en cuanto al mestizaje que experimentaron los pensadores latinoamericanos no fue aceptado por el sector blanco de la población en Latinoamérica y, especialmente, en Cuba.

Para ponerte un ejemplo, las ideologías y las estéticas de la concepción nacional y racial de la colonia aún perviven en los discursos del poder sobre la literatura, para construir la valorización estereotípica de la mulata como un componente primordial: amante o prostituta, vedada al matrimonio del blanco, e incluso del negro, por la realidad legislativa (durante períodos) como en la social.

Una cosa que prueban los matrimonios mixtos entre blancos-negro-mulato es que las formas de convivencia entre el blanco y el negro nunca han sido endotrópicas. Una forma de medir la atracción y repulsión raciales se da precisamente en la proliferación de uniones sexuales entre razas diferentes. Y es que la "identidad original" construida de elementos occidentales, la religión o ideología encaramada como preponderante, obedecen a la lógica del poder político, del Estado que hegemoniza una raza sobre la otra. Hay, por tanto, dos comportamientos sociales en cada raza y dos razas en el Estado.

El negro o el mulato siempre ha estado sujeto, en nuestro país, a un blanqueamiento psicológico y generacional que lo lleva a despreciar su propia raza: es la auto-negro-fobia. Si bien se halla en medio del temor ante la solemnidad inmutable del poder político y económico de los blancos, y ambiciona llegar a ser como ellos, por otra parte, mientras más se hunde en tales sueños, día a día va admirando más a sus ancestros y culturas. Él no se halla en ese Tercer espacio del mulato, que es un espacio de negociaciones culturales. Si bien incorpora elementos de la cultura dominante, ella no le es ambivalente, como al mulato, pues está construida por la mayoría de sus valores que han sido apropiados.

Te propongo algo audaz: leer el término transculturación a partir de este miedo. Es decir como una construcción teórica cínica (como escuela filosófica), que tiene su origen en este miedo al negro. Estrategia conceptual de la cual el negro (sus prácticas e imaginarios culturales) subvierte y desmonta, transformándolo en un gesto de cimarronaje cultural.

Me obligas, con el término, a lidiar con Fernando Ortiz. Porque, no se puede analizar tal concepto friamente, de manera académica, sin entrar a considerar sus intenciones. Pese a lo exhaustivo de la documentación etnográfica y etnológica de Lydia Cabrera, y de la antropología mitológica de Ortíz, la legitimación cultural afrocubana no se halla en sus obras. Lydia Cabrera contribuye con una etnología comprometida con el mito en la cual el objeto de estudio está lejos del racionalismo y el positivismo productos de la razón francesa.

La antropología de Ortiz se inspira en las tradiciones de las culturas africanas en la Isla, asumiendo los prejuicios de su época, promoviendo como solución la asimilación de tales culturas para lograr el acceso al “progreso” europeo. Tanto Lydia como Ortiz coinciden en al articulación creativa de una antropología (con apariencias de arqueología) que logra un dispositivo poético de mito e historia, pero no los fundamentos de una comunidad religiosa, social y económica con derecho a la equidad. Es una investigación romántica de vocación de revelación y leyenda; una repetición del trabajo que los etnólogos europeos (Delafosse) realizaron con las culturas africanas.

Para Ortíz, Cuba era más española que España y como lombrosiano primero, espiritista y positivista después propugnaba una cultura nacional basada en la hibridación; no hay que olvidar que de 1926 al 1947 fue presidente de la Institución Hispano-cubana de Cultura. Ortiz creía en la inevitabilidad del modelo anglosajón, por eso proponía la eliminación de las manifestaciones de la cultura africana que él mismo había estereotipado, llevando la identidad cultural nacional al término de “mulata”, pero con la intención de desafricanización.

En las ideas de Ortiz, la influencia decisiva que recibe del etnólogo racista brasileño Raymundo Nina Rodrigues, lo lleva a elucubrar una teoría racial de la nación en la cual las razas se hallan en planos culturales desiguales, y por tanto, la de los negros no podría adaptarse a los cánones ético-civiles europeos. Ortiz era un convencido del determinismo biológico, como demuestra su tendencia de adscribir identidad racial a las formas culturales en base a su origen africano o español, a partir de un prisma antropológico que parte de la definición bio-racial de los grupos humanos.

Mucho se ha escrito acerca de la "transformación" de Ortiz desde su inicial texto sobre los negros brujos; sin embargo, la esencia de sus creencias en la desigualdad y la inferioridad del negro jamás variaron. Pero mira….. en su discurso "La decadencia cubana", veinte años después de haber publicado los negros brujos, echa manos de todas las fobias de aquella obra, para profetizar el desastre y el retorno de la barbarie a Cuba, y explicar cómo los diferentes males que comprometían y abrumaban la vida de la comunidad nacional, se debían a la presencia del negro.

En Ortiz es evidente su esfuerzo implícito por sentar los módulos fundacionales de la nación cubana; pero si lo analizas bien, Ortíz no pasa de ser un cronista para el cual lo afro-cubano es sólo un objeto de estudio, por eso su Contrapunteo "criolliza" al supremacista ibérico, le abre el camino a la mulatez, y destierra al negro a los meandros de la nacionalidad. Se intenta con ello una fórmula unificadora, a través de la desaparición de las etnias, mediante su mezcla, y muchos han caído en esa trampa. Una teoría alternativa a las racialistas decimonónicas. El rescate de lo “afrocubano” se hace en un marco que enfatiza el proceso del mestizaje, es decir, la disolución de sus rasgos particulares. En Ortiz se trata de las culturas autóctonas y su fusión con la del colonizador; pese a su transculturación, el blanqueamiento físico no se lograría con la mulatización.

El nervio flaco de todo su estudio consiste en su inconcebible desconocimiento de las dinámicas culturas y sociales del Africa, de sus civilizaciones; sobre todo por ser un momento de gran auge en los estudios africanistas en París y Londres, omisión que lo lleva a cometer desaciertos conceptuales y confusiones, al utilizar reelaboraciones de segunda mano y referentes tendenciosos como los de Leo Frobenius y Delafosse. Ortiz jamás fue al Africa, ni ello le interesó; muestra un ridículo conocimiento de la civilización bantú, de la islamización de los estados sudaneses, del papel de los Hausá en todo el oeste africano, de los imperios Kanem-Bornú, Ashanti y Yoruba, de la guerra santa de Usman dan Fodio, etcétera, elementos imprescindibles para entender no sólo las etapas de la trata o la afro-cubanía, sino incluso su debatida "trans-culturación".

¿Cuáles son los períodos en que más se ha exacerbado este medio al negro? ¿Por qué?

Aquí si te doy una respuesta categórica: toda la historia de Cuba, sus hechos fundamentales, sus crisis están relacionadas con el negro. Aunque no aparezca, aunque se le hunda en el olvido, es el personaje central de las marchas y contramarchas de nuestra historia. Por miedo al negro fuimos la última colonia española. Por miedo al negro los “patriotas” y generales blancos mambises abrazaron la intervención norteamericana. Por miedo al negro, Maceo es sólo un guerrero tosco. Por miedo al negro la independencia no significo una descolonización. Por miedo al negro se importó un millón de ibéricos a principios del siglo XX. Por miedo al negro se produjo la matanza de 1912. Por miedo al negro tuvo que rehacerse la constitución en 1940. Pienso que algo parecido sucede en la actualidad, cuando ya la población blanca es una etnia minoritaria que monopoliza el poder en la Isla.

El miedo al negro también se refleja en cómo no ha sido parte de la simbología de nuestra nación, salvo Maceo. Porque, si “padre de la patria” es aquel que evoca por vez primera la lucha por la independencia y la abolición de la esclavitud, entonces ese título le pertenece a José Antonio Aponte. Y, si Apóstol de la independencia es aquel quien primero entrega su vida en martirologio para que de ella se construya la nación, entonces ese título le pertenece al poeta mártir de la Escalera, Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido. Qué coincidencia que ambos fuesen negro y mulato, y que no clasificaron a los ojos de los constructores de la nación.

En estos últimos años hay un resurgir de los temas y problemáticas vinculadas al subalterno no sólo racial, sino de género, sexual... Se han abierto nuevos campos y perspectivas no sólo teóricas, sino también expectativas sociales para explorar el tema de la subalternidad y del afrodescendiente. Eso tiene que ver con un contexto internacional que se ha reformulado: el protagonismo de lo popular, las nuevas tecnologías, el multiculturalismo, la globalización, etc. ¿Cómo se está articulando en el presente este momento en América Latina y el Caribe con respecto al sujeto negro: sus problemáticas y cuáles son las diferencias y especificidades de este momento con relación a los vivido por ti y tu generación en los años sesenta?

Todo ello lo veo inmerso, engarzado a la diáspora. Por supuesto, que el entramado político cultural en la Isla jamás se ha visto vinculado a las Américas negras, al Caribe, nuestro entorno cultural. Lo que resulta también increíble es que la intelectualidad negra-mulata, a su vez, no se ha vinculado a la “diáspora” ni ha digerido su importancia.

La lucha por la independencia cubana, los generales negros orientales, todos estaban vinculados al entorno caribeño. Es más, algo que nunca se ha manejado a profundidad; el ideario independentista de Antonio Maceo y de sus generales estaba centrado en la creación de una confederación del Caribe, con Haití, Jamaica, República Dominicana y Puerto Rico, y otras islas, de inmediato se obtuviera la independencia. Mientras el resto de los generales blancos miraba hacia España y Estados Unidos, Maceo miraba hacia el Caribe.

Si la diáspora afro-descendiente se gestó mediante la violencia y el terror, la diáspora en la actualidad es un proyecto de descolonización en aquellos lugares donde los descendientes de africanos sufren la marginación y la discriminación. Y eso es lo que está sucediendo en toda la América, de al cual por supuesto Cuba está excluida.

Por ejemplo, Lao Mones lo define muy bien, como un proceso de la gente negra como sujetos transnacionales o translocales, como un proyecto de descolonización. En eso estoy de acuerdo pues la dinámica política del sujeto afro-diaspórico como práctica de construcción de comunidad transnacional, debe superar la condición de subalternización con un horizonte utópico para los sueños de equidad.

Para hacer visibles las vidas sociales que a menudo son desplazadas, despojadas de una geografía o clasificadas como “personas sin historia”, las corrientes intelectuales afro-diaspóricas para la descolonización del poder deben articular la africanía moderna, y acoger la teoría postmoderna que desecha al nacionalismo como algo desfasado, para así deconstruir y redefinir las narrativas hegemónicas de geografía.

Los términos “latino” e “hispano” carecen de un sentido de historicidad en tanto no enlazan con claridad las historias negras con el racismo moderno y las culturas de la resistencia, son simples rótulos identitarios. También es necesario revisitar y cuestionar el carácter masculinista de las ideologías dominantes de la negritud global, a partir de una hermenéutica de la intersección, reconociendo la importancia los sujetos afro-diaspóricos.

La diáspora afro-americana es un montaje de historias locales entretejidas por condiciones comunes de opresión racial, político-económica y cultural y por semejanzas conmensurables de subordinación racial, sino también en repertorios similares de resistencia y acción política. Los sujetos diaspóricos afro-americanos deben concebirse como trans-locales porque, aun cuando estamos conectados con la nacionalidad, también nos inscribimos en constelaciones geo-históricas (el Atlántico, el continente americano, la negritud global), al mismo tiempo que las identidades negras están mediadas por una pluralidad de diferencias (clase, género, sexualidad, lugar, generación). Los sujetos afro-diaspóricos pueden ser simultáneamente nacionales (afro-cubanos), locales (de Louisiana), regionales (afro-latinoamericanos) y globales. En este sentido, podemos entender la diáspora africana como una frontera negra.

En nuestro caso, pese a ser el centro esclavista de los africanos en el siglo XIX, nunca, nuestra intelectualidad, ni nuestros políticos se han visto identificados con el Atlántico negro.. y verás el itinerario de hispanistas y latinistas, de európodos… pero nunca de la aceptación del Africa a la par de España…

Si te pidiera que configuraras una agenda de discusión al respecto; ¿cuáles son los tres temas y estrategias, que en el presente, colocarías como esenciales en este debate?

Bueno, pienso que el debate principal en nuestra Isla es cómo se logra la equidad de todos los componentes étnicos. Si bien la práctica segregacionista no fue una constante social generalizada, y en eso diferimos de la dinámica que existió en Estados Unidos, sin embargo, la equidad en todos los ámbitos nunca ha cristalizado. Tal debate y su solución implican de hecho una re-consideración de la nación cubana.

El segundo punto de la agenda sería qué aspectos a descolonizar aún están pendientes desde 1902. Es conocido que, al igual que el resto de hispano-américa, las independencias sólo implicaron una transferencia de la élite colonial a otra élite con los mismos valores socio-culturales de la estructura diseñada por la metrópoli. De ahí que el grueso de la población de Cuba sea parte de una diáspora afro-descendiente con elementos comunes.

El tercer punto de la agenda sería iniciar una de-construcción multi-cultural de la historia y sus personajes, plasmada en los textos tenidos como válidos.

La izquierda tradicional se abrogaba la representatividad de la racionalidad ilustrada, aferrada a una visión economicista de clase, supuestamente por encima de la nación. Tal ha sido el caso de Estado-nación cubano que no parece dar soluciones efectivas a las tensiones raciales. El liberalismo político, el marxismo, y el mito de la democracia racial provienen de la misma matriz conceptual y de poder moderna. Hemos visto cómo el modelo de Marx es demasiado abstracto para objetivos de clarificación y aplicaciones amplias. Lo que es, sin embargo, poco conocido es que el racismo ha sido co-sustancial con los principios marxistas, a partir de lo que el propio Marx (conjuntamente con Engels) dijeron sobre el tema.

La igualdad formal de blancos y negros en Cuba no es más que una proyección igualmente falsa de la igualdad ciudadana. Es la reproducción del mito igualitario, en lo interno y lo externo. Si “raza” ha sido una formación social, cultural y política desarrollada con propósitos de subordinar ciertos grupos a otros, como se ha demostrado en la historia, entonces el factor racial político heredado como un elemento estructurador tiene que ser demolido, iniciando su deconstrucción teórica, y el desmantelamiento de la discriminación de jure respecto a los derechos civiles.

La definición constitucional de Cuba como una nación multiétnica y pluricultural, por encima de la proclamación de solamente cubana, representaría una ruptura con el Estado-nación hispánico. Esta aceptación de la afro-cubanía sugiere la única fórmula por la cual el afro-cubano puede jugar un papel político en la isla.

Son necesarias nuevas articulaciones entre nación y etnicidad como lenguaje político en el mundo actual; generar una “contramitología” en la cual los intelectuales comiencen a interrogarse el porqué de su silencio, de su desinterés, o de su negación frente a una presencia real, activa, y creativa de los ciudadanos negros y mulatos.

Se necesita un enfoque más audaz sobre los universos simbólicos, los imaginarios y las ideologías con el fin de cruzarlos con la problemática del funcionamiento de los enunciados construidos en torno a la identidad, desechando la ficción y lo tendencioso que plaga nuestra historiografía, ubicando la realidad de nuestra genealogía intelectual, reconsiderando los hechos de la historia y los culturales, a partir de la gran complejidad de la trata y de la esclavitud, la naturaleza inconclusa de nuestra independencia carente del complemento descolonizador, y los elementos comunes entre las crisis etno-sociales de hoy y de ayer.

Hay que recuperar temas olvidados, demoler nociones como la esclavitud “benigna”, la pasividad del esclavo, la demografía, el carácter intocable y desinteresado de los próceres patrios, un nuevo enfoque sobre lo generalizado del mestizaje y la endogamia esclava, el peso demográfico de los llamados “nacimientos ilegítimos”, la invisibilidad de “la gente de color”.

Esperar al Destino es mágico y patético; el éxito de la sucesión, de las reformas, de la transición, o de cualquier ingeniería político-económica que se intente instaurar no reside en las fórmulas de economía socialista, economía mixta, economía pura de mercado, social-democracia, plutocracia, democracia, autocracia, etcétera… el éxito de cualquier camino que se emprenda en Cuba reside primero, y ante todo, en desmontar la hegemonía política de una raza y conceder el espacio que el derecho de ser mayoría posee a la raza subordinada, quien hasta ahora nunca lo ha tenido. Es decir, reside en construir por vez primera una nación, luego podrá experimentarse con lo que se quiera.

domingo, 1 de marzo de 2009

Inés Maria Martiatu - "Bufo y Nación"




Libro
"Bufo y Nación"
Interpelaciones desde el Presente.
Feria del Libro de La Habana.





Presentación por

Alberto Abreu Arcia. (En la foto, Inés Maria Martiatu, Alberto Abreu e Ingry González, de la Editorial "Letras Cubanas"



Inés María Martiatu,

la Dra. María Teresa Linares y Esther Suárez.




sábado, 8 de noviembre de 2008

Tomás Fernández Robaina reflexiona a propósito del Centenario del P.I.C.


Alberto Abreu

Hace poco fui a visitarlo a la Biblioteca Nacional José Martí donde labora como especialista del Departamento Bibliografía Cubana. Andaba de tránsito por La Habana y no quería irme sin saludarlo. Llegué fatigado por el calor. En la recepción me informaron que bajaría en un momento. Espere unos minutos en el lobby mientras fisgoneaba, a través de la puerta de cristal de una de las salas, los lienzos de una futura exposición: sin colgar, desordenado por todo el local. Mientras llegaba decidí gozar de la brisa que, corría por la puerta principal. Y volví a colocarme justo a la entrada. Fue entonces lo veo avanzar en dirección a mí, sonriendo con malicia. Su figura minúscula desplazándose con admirable ligereza como regenteando, por los amplios pasillos de aquella institución, persistente, infatigable.

Luego de intercambiar chismes, libros, referencias… le hablé de mi intención de entrevistarlo a propósito del centenario de la constitución del Partido Independiente de Color. Después de muchas llamadas, llegó finalmente por e-mail la respuesta a mi cuestionario. Mi entrevistado: Tomás Fernández Robaina es autor, entre otros volúmenes, de Bibliografía de estudios afrocubanos (1969), Índice de revistas folklóricas (1971), La prosa de Guillen en defensa del negro cubano (1982), Recuerdos de dos mujeres públicas (1984), y de un libro que se ha vuelto de imprescindible consulta: El negro en Cuba (1990). Recientemente la colección Echú Bi de la Editorial Ciencias Sociales acaba de poner en el mercado la segunda edición de su libro: Hablen paleros y Santeros.

Cumplido este protocolo de la presentación haré entrar de inmediato al lector en la escena de esta entrevista.

Tratándose de ti y como estamos celebrando el centenario de la fundación del Partidos Independiente de Color comencemos con una pregunta ineludible: ¿Desde la perspectiva de los cien años transcurridos cuál cree que haya sido el principal aporte del PIC a las luchas del movimiento negro y la historia de Cuba?

La mayor contribución del Partido Independiente de Color (PIC) al movimiento social de los negros, y a la historia de Cuba, en particular, fue haber mostrado la opción política independiente como una alternativa importante en la lucha contra la discriminación racial de la cual eran víctimas. Este hecho marca la madurez política de los que integraban un sector del movimiento ya mencionado. En el acta de constitución de dicha organización se expresa nítidamente que su propósito: no integra odio, ni animadversión hacia nadie, que todos los cubanos tienen el derecho de apoyarnos o combatirnos, pero que nosotros inspirados en una obra alta y generosa, tenemos el deber de mantener el equilibrio de todos los intereses cubanos, y que la raza negra tiene el derecho de intervenir en el gobierno de su país no con el fin de gobernar a nadie, sino con el propósito de que se nos gobierne bien. (Previsión 15 sept., 1908)

Por supuesto, las contradicciones e intereses económicos y políticos de los blancos y negros cubanos que, ya disfrutaban de determinados espacios laborales, y sociales fueron elementos decisivos para que la alternativa estenozista fracasara rotundamente. Esa opción política no volvió a ganar adeptos y por lo tanto desapareció del discurso reivindicador del movimiento social del negro cubano de antes y después de 1959.

¿Cuáles siguen siendo las zonas oscuras y de prolongado silencio en la historiografía oficial cubana a la hora de abordar este tema?

La trascendencia de la fundación del Partido Independiente de Color, para el movimiento social del negro en Cuba y en América, no se ha destacado por nuestra historiografía, porque no ha reconocido la relevancia de tal hecho. No se ha divulgado ni debatido, de manera amplia, el programa político social; y en igual medida el pensamiento que se conoce de Estenoz y de algunos voceros del PIC quienes reflejaron en sus escritos, la ideología patriótica, de integración social y de igualdad de derechos para todos los cubanos. El re-conocimiento de tales textos (aparecidos principalmente en Previsión, y Reivindicación, y en otros órganos de prensa) aportan los elementos que demuestran, de modo objetivo, las justas razones que animaron la existencia del PIC. Y, por lo tanto, evidencian que los racistas no fueron los Independientes, sino quienes los acusaban de serlo por querer hallar un camino para lograr una patria más martiana: con todos y para el bien de todos. Sin descuidar la especial atención a los históricamente marginados del disfrute de todos los derechos sociales.

Creo haber leído en tu libro El negro en Cuba que la masacre a los Independientes de Color fue un duro golpe para el negro y sus luchas por la emancipación y el acceso a los espacios de representación y visibilidad social dentro de la nación cubana del cual nunca se pudo recuperar. Sin embargo, otros opinan que en la década del cuarenta ya ese momento estaba superado. ¿Cuál es tu valoración en este sentido?

Como bien dije antes, la opción política independiente no fue tenida en cuenta, de manera objetiva, por los que continuaron la lucha social del negro. Sin embargo, en una fecha como septiembre de 1918, bien cercana al año de la desaparición del PIC, Armando Pla, examinó críticamente las cuatro soluciones o tendencias que habían esgrimido el movimiento social del negro. Ellas fueron: la individualista, la colectivista social, la colectivista política dependiente, y la colectivista política independiente, (Armando Pla. Ad Rem. La Antorcha, 3 sept. 1918:1) Posteriormente emitió un juicio muy revelador, como se desprende de sus palabras: “[…] ¿se admite que en política existe un interés negro? ¡Ah!, entonces hay que reconocer que nadie mejor que los negros sabrán y podrán defenderlo. Luego tuvo razón Estenoz e Ivonnet y Lacoste, no la tuvieron ni la tienen los que antes fueron y ahora son contrarios a los partidos unirraciales. (Armando Pla. “El problema negro en su aspecto político” La Antorcha 20 ag. 1918:1) El comentarista la señala opción que los negros puedan agruparse en un partido nuevo para defender sus intereses. Sin embargo, aconseja que, dicha opción, debe surgir alejada de toda relación con el PIC. Esta propuesta evidencia una contradicción bien palpable. Aún más porque no indicaba como esa organización podía fundarse distante de los principios básicos del programa del PIC. ¿Estaría pensando en un partido proyectado hacía la defensa de los derechos del negro, pero abierto también a todos los blancos que desearán militar en el mismo? El resultado objetivo fue que esa tendencia no halló eco en la historia republicana de nuestro país, a pesar de las reflexiones de Pla en esa dirección. La lucha se orientó, entonces, por otros caminos o tendencias, algunos ya mencionados, pero que no habían sido explicitados como: la necesidad de la superación individual, preconizada por Juan Gualberto Gómez (1854-1933), y enarbolada por todos. Siempre se pasa por alto que desde 1913, empezaron a aparecer, con regularidad, en la prensa escritos y encuestas sobre la problemática racial. Por ejemplo: la columna de Ramón Vasconcelos desde el diario Prensa (1915-1916) quien escribió con el seudónimo de Tristán : “Palpitaciones de la raza de color. Crónica escrita para negros sin taparrabos, mestizos no arrepentidos y blancos de sentido común.” El semanario La Antorcha, desde donde escribía Pla… Estos textos evidencian la visibilidad del movimiento social del negro. También a finales del veinte aparece, en el Diario de la Marina, la columna Ideales de una raza, que se expandió como página dominical hasta 1931, cuando su autor, Gustavo E. Urrutia (1881—1958), continuó escribiendo no sólo sobre la problemática racial en Cuba, pero ahora en la columna Armonía (1928-1958). En sus páginas, nacida en la edición dominical ya nombrada, la cual mantuvo casi hasta su muerte. Sin embargo, a partir de la década del cuarenta la problemática racial no fue asumido por el articulista con la frecuencia de los años anteriores. Los años iniciales de la década del treinta vieron surgir el espacio La marcha de una raza, llevado por Lino Dou, el cual no se mantuvo por mucho tiempo. Recuerda que son los años de la caída del tirano Machado y el surgimiento de una época revolucionaria, durante los cuales se expande la percepción de la lucha contra el racismo con un enfoque clasista; marxista, que veía la solución del problema racial en la abolición de las diferencia y opresión de las clases sociales. Esta coyuntura político-social propició la creación la Sociedad Adelante y su órgano de prensa de igual nombre. En sus apreciamos las luchas del negro cubano por sus derechos, conjuntamente con los esfuerzos culturales y sociales de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, fundada y presidida por Fernando Ortiz. Fernando Ortiz junto con otros intelectuales de ese momento contribuyeron al rescate, conocimiento, y difusión de los aportes de la herencia africana a nuestra cultura e identidad nacional. Por supuesto, todo este proceso de lucha política y social se reflejó en la Constituyente del cuarenta y en la Carta Magna, que se aprobó ese año, donde se reconocía la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos cubanos sin tener en cuenta la raza. El movimiento social negro nunca estuvo paralizado, aunque evidentemente, se abandonó por completo la tendencia política independiente, a pesar del objetivo análisis de Armando Pla. Justamente en la década del cuarenta Juan René Betancourt comienza a publicar sus textos contra la discriminación racial. Él es la figura más controversial y de mayores aportes de este movimiento en los años anteriores al triunfo de la Revolución.



Otra pregunta, también, ineludible. Tiene que ver con las Comisiones de Trabajo creadas en Cuba para las celebraciones del Centenario del Partido Independiente de Color. Teniendo en cuenta tu prestigio intelectual y conocimiento sobre el tema, el cual va más allá de los libros e investigaciones por tí publicadas y que te han consagrado como una autoridad sobre el tena dentro del ámbito académico internacional y en otros circuitos. Me gustaría saber cuál ha sido tu rol dentro de las mismas.

El 4 de julio del 2006, en el acto en homenaje a los promotores culturales de las comunidades en el salón de los vitrales, en la base del monumento a Antonio Maceo, propuse que se creara una comisión o comité para organizar las actividades que deberían hacerse en conmemoración al Centenario del PIC. Considero, que era un modo más de continuar con la política de dar a conocer hechos de nuestra historia que la historiografía burguesa había silenciado o tergiversado deliberadamente. Mi propuesta fue acogida por todos los presentes, y el propio Esteban Lazo señaló que Roberto Zurbano y yo, formaríamos parte de esa Comisión. Después no tuve noticias de la Comisión hasta el día que me citaron a una reunión en el Archivo Nacional, conjuntamente con otros especialistas de diversas instituciones, donde se nos comunicó que Fernando Martínez Heredia, había sido nombrado presidente de la misma y Leyda Oquendo como secretaria. Allí, se nos solicitó propuestas sobre lo que se debía hacer. Aproveché la oportunidad y les hice entrega de una carta fechada el 12 de junio en la cual, además de plantear la creación de la comisión del centenario del PIC, presentaba un programa de las actividades y acciones que se debían emprender, entre las que se encontraban convocatorias para concursos plásticos, ensayísticos, musicales que abordaran temas relacionados con el PIC; así como la celebración de un evento teórico para reflexionar, debatir sobre las causas que determinaron el nacimiento de esa organización, así como las distintas valoraciones emitidas por los historiadores cubanos y extranjeros. Fui invitado a participar en la mesa redonda sobre el PIC con la cual concluyó un evento organizado por el Departamento de Estudios del Caribe, de la Casa de las Américas a principios de este año. Entregué, para su revisión, un boceto de la convocatoria para el evento científico a celebrar. He apoyado con mi asistencia e intervenciones en los actos que he podido concurrir, por haberme enterado a tiempo. Estoy y estaré siempre dispuesto a dar mi apoyo a todo lo que se haga en pro de divulgar la importancia de su fundación, y de todo lo que sucedió después. Espero que antes de la fecha del centenario y que concluya el año, se incrementen las actividades y la publicidad sobre este acontecimiento, no solo necesario y justo desde el punto de vista histórico y social; sino también político. De una vigencia medular en los espacios actuales donde se debaten aspectos esenciales de la Cuba de ayer y de la de hoy.

Desde luego que la pregunta fue formulada con toda intención. Pues ella me permite colocar en esta entrevista otra preocupación no sólo mía, sino de un grupo de intelectuales. Y tiene que ver con ciertas posturas y gestos oportunistas dentro de algunos intelectuales en Cuba que han visto en este boom del subalterno y el mercado teórico abierto internacionalmente en este campo. La oportunidad para legitimar determinadas aspiraciones personales que privilegian o enmascaran detrás de una utopía social auténticamente reivindicadora de los márgenes. ¿Qué opinión tiene sobre este hecho? Y todavía más ¿qué estrategias propones frente a estos gestos de tachadura y de exclusión de intelectuales que han consagrado durante años tiempo y esfuerzos al debate de estas problemática?

Todo proceso social, que trae cambios realmente profundos, en lo económicos, las estructuras políticas y sociales, y dentro del campo de las ideas; como los efectuados por la Revolución Cubana, no está exento de excesos y de defectos. No sólo por las interpretaciones de sus ejecutores, sino también por los objetivos que se plantearon al concebirse, y las políticas para materializar dichos cambios. Para ninguno de nosotros es un secreto que las coyuntura internas y externas de los primeros años fueron cambiando dialécticamente, influyendo de manera decisiva en las diversas políticas de la Revolución, en unas más, en otras menos. A veces con saltos visibles y en otros momentos con lamentables retrocesos o estatismos. Obviamente, todos estos cambios han estado en función, además, de salir de los caminos tomados equivocadamente, preservar el proceso y las utopías de la Revolución iniciada en 1959. Todas las revoluciones, históricamente, están marcadas por período muy difíciles donde prevalecen los prejuicios, los dogmatismos, las exclusiones de algunos grupos sociales por sus orígenes o filiaciones estéticas, religiosas, sexuales e ideas políticas. Las revoluciones del siglo XXI deben ser revoluciones inclusivas. En las que tal vez lo único que no pueda sumárseles sea los que este en contra del progreso, opuesto a que una revolución real materialice propósitos tan dignos. Las revoluciones anteriores no tuvieron ideólogos que llamaran la atención sobre estos hechos, y si los hubo, no fueron escuchados o fueron barridos por los quienes conscientes de lo que andaba mal, se subordinaron a las tendencias prevalecientes en la etapa en que este fenómeno fue más fuerte. No estoy refiriéndome a este momento sólo en su parte político, sino también profesional, artístico. Hablo de la mediocridad de no pocos funcionarios y dirigentes quienes se sintieron potencialmente amenazados, inseguros en sus posiciones, ante la presencia de otros más preparados profesionalmente; portadores de una condición realmente más humana y re-vo-lu-cio-na-ria. Mediocridad, temores, inseguridades... Amenazas que los llevaron a aplicar medidas arbitrarias y a readaptar otras para quitarse de su camino a los que les podían hacer sombra. Esto no se ha extinguido. Los que hemos sufrido de forma directa este tratamiento, hemos asumido diferentes formas de lucha para continuar, persistir en nuestros puestos de trabajo, y en nuestros empeños, seguro de que en algún momento todo cambiará. En mi caso personal, tengo mis propias líneas de acciones o estrategias. Las he denominado reivindicadora 1 y reivindicadora 2. La reivindicadora 1: reclamar los derechos, denunciar lo injusto de la política que se ha seguido, a pesar de los problemas que la actitud demostrada pueda acarrear. La reivindicadora 2. Trabajar, demostrar con el trabajo cotidiano, con los aportes que podamos hacer a nuestro país, que a pesar de todo, seguimos comprometidos, no de forma desinteresada, sino porque sabemos muy bien que hacemos lo correcto, que algún día nos será reconocido, no importa que ya estemos en la tumba y seamos fichas de un catálogo. No debo olvidar a quienes ante situaciones idénticas, donde también confluyeron otras razones personales, familiares, económicas, decidieron marcharse del país al no tener la posibilidad de otra opción. Por lo tanto, todos sabemos quién es quién en el espacio intelectual de nuestro país, quiénes se han acercado al estudio de la problemática de la racialidad negra por motivos verdaderamente nobles y quiénes para obtener beneficios y satisfacer su ego. Los jóvenes historiadores del futuro serán los encargados de ubicar a cada cual en el justo sitio, donde se haya ganado el derecho a estar.



En reuniones te he visto protestar enérgicamente frente al vacío, en los programas de educación cubanos de la historia del movimiento y del pensamiento negro. ¿Puedes hablarnos más en detalle esta carencia?

En 1996, desde las páginas de la revista Temas (sept.-oct.)expresé la necesidad de cambiar los planes educacionales de todos los niveles de nuestra sociedad, por la concepción eurocéntrica predominante en ellos. Las potencias colonialistas que se expandieron por América y el Caribe, y más tarde por África y otros continentes, intentaron borrar del imaginario la mente de los habitantes de la diáspora negra sus historias, tradiciones, idiomas y creencias. El cristianismo, en todas sus variantes, se puso en función de ese innoble objetivo. Una buena parte de la población de esos dominios respondió de forma amplia o parcial a tal política; otros, por el contrario, rechazaron, de forma abierta o simulada, teniendo en cuenta la mayor o menor presencia de la población aborigen, mestiza o africana existente. La visión eurocéntrica hizo ver, creer, que todo lo autóctono, lo vernáculo, debía ser rechazado porque eran señales de pueblos que se encontraban en estadios no tan avanzados o modernos, como el de las potencias colonialistas. Deseo subrayar, una vez más, en este sentido que el movimiento social de los negros cubanos asimilados se caracterizó por la lucha desde el punto de vista social, político y económico. No hay huella intelectual que refleje una demanda reivindicadora hacia las culturas de origen africano, practicadas en Cuba, como la de Fernando Ortiz. Urgida, además, por el criterio generalizado, de que en la medida que sus portadores murieran, tales creencias irían disminuyendo con el tiempo, en virtud de que las nuevas generaciones de jóvenes negros y negras, se irían asimilando a la cultura eurocéntrica. Aprovecho para recordarte, nuevamente, el ejemplo de Juan Gualberto Gómez quien alentaba la superación individual de la raza negra como una forma de luchar en contra de la discriminación racial y un modo borrar la diferencia de origen entre negros y blancos. Por supuesto, esa superación significaba identificarse, de forma visible, con los códigos culturales, religiosos, sociales y económicos del poder burgués colonial, posteriormente, burgués republicano En 1935 Gustavo E. Urrutia señaló la importancia de conocer y estudiar la historia y cultura de los africanos que poblaron nuestra Isla y otros países de América y el Caribe, y de quienes muchos de nosotros somos descendientes física y/o culturalmente. Los programas de historia de nuestro sistema educacional, en sus diferentes niveles, contempla el estudio de África, y de la presencia de los africanos y de sus descendientes en las guerras de independencia, en la economía, en la cultura, en la música, en los bailes, en la religiosidad popular, pero no del modo amplio y profundo, si tenemos en cuenta la dimensión, intensidad e inflexiones que abarca este fenómeno en la formación y la historia de la nación y desde los que se debería enseñar. Hace ya años se aborda la historia de África, y también del arte africano, principalmente, la última, en las carreras vinculadas con las disciplinas artísticas. La religiosidad de origen africano, practicadas en Cuba, se viene estudiando -en sus aspectos religiosos musicales, danzarios, visuales-, en centros docentes donde se forman instructores de arte de nivel medio, y también en el Instituto Superior de Arte y en la Escuela de Artes y Letras, de la Universidad de la Habana. La profesora Lázara Menéndez fue pionera en la Universidad de la Habana al comenzar a enseñar las peculiaridades de las prácticas religiosas de origen africano existentes en Cuba, y sus expresiones artísticas, principalmente, plásticas y danzarias. Considero que hay campos donde debería hacerse más énfasis, como en el pensamiento, en el aporte de los negros a la historia de las ideas de nuestra nación. En este último caso, por ejemplo, no se aborda de manera amplia el pensamiento antirracista de figuras tan notorias de nuestra historia como Antonio Maceo, Juan Gualberto Gómez, Gustavo E. Urrutia, Morúa Delgado, Lino Dou, Armando Plá, Walterio Carbonell, Teodoro Díaz Fabelo, Juan René Betancourt, Carlos Moore, Salvador García Agüero. La Biblioteca Nacional José Martí ha realizado una muy modesta contribución con los cursos de verano que imparte sobre la historia social del negro, los cuales durante un tiempo tuvieron cierta sistematización; ahora, seguramente, se restablecerán pronto. Como ves me siento optimista en que más pronto que nunca la presencia del negro cubano en la historia y en la cultura de Cuba será enseñada de modo más amplio y objetivo. A través de libros y textos que faciliten dicho conocimiento y estudios en nuestras escuelas y universidades.



El texto de la negritud se ha vuelo a colocar en los últimos años en América y en el Caribe como centro de debate y múltiples abordajes en el campo de las ciencias sociales y de las prácticas simbólicas. En el caso de Cuba ¿como observa Ud. las coordenadas culturales, sociales, políticas, intelectuales en que se ha venido desenvolviendo estos debates?

Pienso que te refieres al tema del hombre negro y de la mujer negra, de su participación social activa en la formación de nuestras sociedades caribeñas y americanas, y su situación actual, en particular, en nuestra Isla. Nuestra situación no puede analizarse desligado de lo que ha estado ocurriendo en nuestro continente, donde las demandas sociales de los afrodescendientes han tratado de disminuir y borrar el origen histórico diferencial de ellos, pobladores forzados de nuestras tierras, instrumentos de trabajos, esclavos, por los pobladores de origen europeo. Los prejuicios enraizados entre nosotros se solapan y no dejan apreciar de manera objetiva la necesidad que tenemos de dar más atención y espacio, no sólo para debatir, como en cierta medida se hace; sino también para tomar medidas efectivas contra el no siempre invisible racismo y sus secuelas, como he podido conocer en los numerosos talleres en donde se han denunciado tales hechos. Los más altos dirigentes de nuestro Estado. Gobierno Revolucionario, y Partido han reconocido la existencia lamentable de la discriminación racial y de otros males, que se hicieron más visibles durante el periodo especial. Sin embargo, los pasos que se han dado no han sido suficientes. Y los pocos espacios ganados en esta dirección necesitan consolidarse mediante la adopción de una política de integración social, donde, no haya la menor duda, de la política revolucionaria en este frente. Cuba asistió a la Conferencia de Durbhan, como consecuencia de ella, y de las luchas internas de los afrodescendientes; en muchos países se han adoptado políticas muy concretas en cuanto a la enseñanza histórica de las culturas y etnias africanas trasplantadas mediante la trata, y sobre sus aportes e importante papel en la formación de nuestras nacionalidades. En Brasil, Venezuela, entre otros países, se aplica una política con el objetivo de beneficiar a amplios sectores de la población afrodescendiente urgidos de reivindicaciones. Debemos hacer más de lo que hemos hecho, y darlo a conocer, tanto interna como externamente, para que se conozca con objetividad lo que se hace. Expandir esas acciones y sumar, cada vez más, en esta campaña, a los miembros de nuestra sociedad.



Sin embargo entre los diferentes momentos (digamos el de la década sesenta y el actual) por los que ha atravesado en Cuba este proceso de visibilidad y reivindicación social del sujeto negro o afrodescendientes, existen diferencias no sólo contextuales, sino también metodológica, teóricas, nuevas preguntas, otro tipo de mirada y abordaje del fenómeno (al menos entre los más jóvenes.)Sin embargo en el plano de la investigación historiográfica se ha dicho que no existen avances metodológicos, que los libros producidos siguen anclados en la perspectiva positivista de que adolece una zona bastante influyente del ámbito de las ciencias sociales y la academia cubana.

En los primeros años de la Revolución resurgió el tema racial como una continuidad de la lucha del negro por sus derechos anterior a 1959. Debo llamar la atención que dicha continuidad surge como una demanda o interpelación al poder revolucionario sobre la representatividad del negro y para que se pronuncie, dé a conocer la política antirracista de la Revolución. He dicho, en más de una ocasión, que no puedo asegurar que el llamado realizado por el máximo líder de la Revolución Cubana en su discurso del 22 de marzo y publicado al día siguiente (Revolución, marzo 23, 1959) para combatir la discriminación y los prejuicios raciales, presentar propuestas y hallar una solución en este sentido estuviera motivado por los artículos de Juan René Betancourt (“La cuestión racial”. Revolución 17 de enero 1959:4; “Fidel Castro y la integración nacional” Bohemia Año 51, no. 7, 15 febrero, 1959: 66, b122-123), a pesar de las cercanías de las fechas entre estos escritos y la publicación del discurso.

En mi nueva versión de El Negro en Cuba (1990,1994, 1997), aún inédito: Los afrodescendientes en Cuba: Tendencias sociales, políticas, culturales y religiosa, examino los documentos que se publicaron en la prensa y la adopción de una estrategia, en particular, ante el temor de que ese debate fuera aprovechado por los que oponían al proceso revolucionario y buscaban destruirlo.

Poco después surgen algunas voces jóvenes con inquietudes literarias, intelectuales que, influenciados por Cesaire, Senghor, y Lamas; comienzan a escribir, a hablar, a reflexionar sobre la identidad del negro cubano. Walterio Carbonell (1920-2008) replanteó lo expresado por Betancourt en cuanto a la necesidad de la representatividad del negro en los diferentes niveles de la administración pública de nuestra sociedad. El propio Walterio Carbonell propuso, junto con otros, la inclusión de un espacio para hablar de la problemática racial en la Conferencia Tricontinental que se celebró en la Habana en esos años. Pero ese embrionario movimiento no prosperó. Recuerdo a Luís Escobar, en una conferencia del intelectual martiniqueño Bangou, emplear la categoría cultura cimarrona, al referirse a la literatura no reconocida por la academia y por las instituciones oficiales.

Ahora me viene a la mente un juicio, que en una conversación, me manifestó la actual Premio Nacional de Literatura y Presidenta de la Sección de Escritores de la UNEAC, Nancy Morejón: “era mejor que esos jóvenes negros tuvieran preocupaciones intelectuales, y pensaran, a que se dedicaran a actividades delictivas”. Por otra parte, lo que apreciamos en la actualidad es una mayor expansión de la conciencia de que somos cubanos, ante todo, como bien dijera nuestro Martí, pero que, por muchas razones, los cubanos negros, a pesar de todo lo que hemos avanzado durante el período revolucionario, seguimos teniendo muchos problemas, algunos ya casi históricos, otros, tal vez de nuevo tipo. Ahora no se ven sólo a jóvenes o no jóvenes, hombres y mujeres intelectuales o no, señalando sus preocupaciones, sino también a santeros y santeras, babalawos, paleros, abakuas, y sumados a ellos los raperos, provenientes, muchos de ellos, de los sectores más populares de nuestra sociedad. Todos abogando por mejoras y cambios positivos de nuestra sociedad como una forma de combatir los prejuicios raciales. En la actualidad, hay una mayor participación de todos los miembros de las diferentes clases sociales en este batallar para disminuir, hasta su desaparición, las lacras que la diferencia de origen etnico, y la no adopción de políticas inclusionistas por parte de los gobiernos de Cuba Colonial, a partir de abolición de la esclavitud; políticas que tampoco fueron contempladas por los gobiernos republicanos. La Revolución confió excesivamente en el llamado a la conciencia individual y colectiva para combatir el racismo, y en su posición de no permitir y alentar acciones discriminatorias.

Sin embargo, al no proyectarse un programa especifico para combatir el prejuicio racial, y sus acciones concretas de discriminación y exclusión, los elementos reproductores de las ideas racistas tuvieron la vía libre para expandirse bajo formas a veces muy sutiles, otras, de modos más descarnados.

Ahora nos encontramos en un momento muy importante, en mi opinión decisivo, similar, en cierto sentido al ocurrido en 1959, pero muy superior porque hemos adquirido una experiencia que debe servirnos para no caer en los anteriores errores. La Revolución, en sus más altos niveles, ha reconocido la existencia de la desigualdad racial, y hay una conciencia más generalizada, en la mayoría de nuestra población, de la lucha que se debe emprender en este campo. Uniendo todos los factores en una estrategia y política participativa, podemos comenzara avanzar por el camino correcto, y obtener logros que pueden ser paradigmáticos para otros pueblos donde se combate también el racismo contra el negro y contra el indio. Juan Marinello señaló que Cuba parecía estar predestinada para ese fin, y Fernando Ortiz expresó que en Cuba se había avanzado más en la lucha contra el racismo que en otros países. Seamos coherentes y dignos con la continuidad de esos criterios.

Existen autores como Roberto Zurbano e Inés María Martiatu, Lázara Menéndez que están produciendo textos y haciendo análisis con un instrumental mucho más actualizado, propio de campos como los estudios subalternos, poscoloniales y los estudios culturales, e incluso de la teología de la liberación y con una perspectiva analítica que apela a la multi-trans-diciplinariedad. ¿No crees que ha existido la falta de diálogo que permita aprovechar los avances teóricos y las nuevas categorías y marcos interpretativos que van colocando estos autores?

Creo en el riguroso cumplimiento de las leyes del materialismo dialéctico. Hasta ahora, todos los que estamos reflexionando sobre la problemática racial, para hallar una solución que haga realidad el pensamiento de Antonio Maceo, nada de pedir como negro, todo como cubano. Lo hemos hecho con el aparato crítico que hemos tenido. No somos pocos lo que tenemos en cuenta las contribuciones y categorías que manejaron los que nos antecedieron en este combate: Juan Gualberto Gómez, Urrutia, Walterio Carbonell, por citar tres de los que ya he mencionado con anterioridad, y por supuesto, conocer los que están escribiendo sobre el tema en la Isla o fuera de ella, como los que publican en Temas, Caminos, Catauro, Criterios, América Negra, Encuentro de la Cultura Cubana, la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Del Caribe, Casa de las Américas y Anales del Caribe, entre otras revistas.

Fracasado el intento de revivir la Sociedad de Estudios Afrocubanos, en los años iniciales de los noventa, por un grupo pioneril entre los que se encontraban Tato Quiñones, Lázaro Buría, y Robaina, a los que se sumaron decenas. Algo más tarde surgieron , de manera espontánea, pero reflejando la necesidad del diálogo, del debate parcelas pequeñas, limitadas, pero que sumadas han contribuido a la existencia de una discusión constructiva, informativa, reflexiva, que ha influido, no en la medida que todos hubiéramos deseado, en la búsqueda de vías para combatir científicamente las secuelas del racismo en nuestra sociedad. Leyda Oquendo fundó su aula José Luciano Franco, en igual medida, el Programa Color Cubano, auspiciado por la UNEAC, lidereado por Gisela Arandia; el Simposio del Hip Hop, los cursos de verano sobre la historia del negro en Cuba que se han brindado en la Biblioteca Nacional José Martí y en la Casa de África, en la Habana Vieja, el movimiento de yorubización entre los babalawos y santeros; las agrupaciones y organizaciones que existen, como la Cofradía de la negritud, que trata de colaborar con la Revolución haciendo ver las áreas de insatisfacciones sociales de amplios sectores de la población negra. Considero que cada una de las entidades enunciadas han contribuido a la existencia de los espacios de debate, y a dar algunos pasos, como el lograr la existencia de las comisiones sobre la problemática racial a nivel del Comité Central del Partido. Todo se irá articulando, encontrará su centro de convergencia cuando lo que hacemos sea más conocido, reconocido, sobre todo el empeño superior que nos ánima, de una sociedad más justa, más equitativa, verdadero paradigma en este campo, como ya lo somos en otros.



Del programa del PIC ¿cuáles puntos tú, después de cien años, suscribiría?

Comenzaré por recordarte el artículo de Victor Cuella Vizcaino “El gozo callado”, donde relata su conversación, con viejos independientes, quienes le comentaron la alegría que sentían al ver satisfechas muchas de las demandas enarboladas. Por supuesto, yo los suscribiría todos, porque todos persiguen objetivos nobles. No pocos de ellos fueron satisfechos mucho antes del triunfo de la Revolución, como consecuencia de la lucha del movimiento obrero cubano, otros se han visto materializados más plenamente después de 1959. Pero lo que sorprende es su permanencia sobre la demanda de representatividad de los negros en los niveles de la administración pública, fundamentalmente; en el cuerpo diplomático, demanda aún no satisfecha plenamente. Mas no sólo las demandas anteriores: la historia posterior ha evidenciado que las propuestas del PIC pudieron ser una alternativa, una opción viable para la existencia de un equilibro y una mayor justicia social para todos los cubanos, porque como bien se dice en el Acta de Constitución, los Independientes no pretendían gobernar a nadie, sino que se nos gobernara bien. Un análisis objetivo de su programa nos permite apreciar que en sus consideraciones no hay ni un sólo elemento racista, sino más bien una tendencia muy integradora, pero desde el modo que tenían para manejar estos asuntos los políticos de entonces. Un partido racista postula la superioridad de la raza de sus miembros, los Independientes, por el contrario, se declaraban liberales. O sea que se pueden estudiar como un desmembramiento del Partido Liberal que, por supuesto, en esencia no era racista por admitir en sus filas a blancos y negros. Tal vez el nombre de Partido Independiente de Color, pueda considerarse un error, al abordar su historia, pero para los que en ese momento lo adoptaron tuvo que tener este nombre una significación muy especial, ya que las promesas que se hacían en vísperas de las elecciones, eran letras muertas una vez que alcanzaban las plazas de representantes, senadores. Deberíamos reflexionar de modo más profundo acerca de este Partido, y de su programa para deshacer el mito de que fue un partido racista, además de subrayar su trascendencia histórica, no sólo en Cuba, sino que en toda América. Parece haber sido el primer partido integrado sólo por negros de los países negriblanco.

¿Cómo caracterizarías al proceso social del negro en Cuba hoy en comparación con etapas anteriores?

No me resulta difícil caracterizar al movimiento social del negro cubano, desde el punto de vista histórico, como uno de los más progresistas desde la Colonia hasta su aparente desaparición al triunfar la Revolución Cubana, pues como bien te expresé, en respuestas anteriores, muchas de las reivindicaciones urgentes de amplios sectores de nuestra sociedad fueron satisfechas, parcial o totalmente, en los años posteriores a 1959. Las demandas de nuestra población negra se concentraron siempre dentro de un discurso social antirracista, en relación con las oportunidades de trabajo para quienes tenían el nivel requerido para desempeñar puestos laborales, y eran marginados, por sufrir ese plus dolor, del cual nos habló Urrutia, por ser negros. Así como las medidas no legales, pero tradicionales que les impedían el acceso a ciertos hoteles, restaurantes, balnearios, a la posibilidad de alquilar casas y apartamentos en algunos edificios. Se trataba de avanzar dentro de los códigos sociales implantados por la educación y la cultura eurocéntrica, el avance, como ya dije, sólo era posible alejándose de todo lo que nos recordara nuestros ancestros negros, venidos de África, de Haití, del Caribe. No pocos de los cubanos negros respondieron a dicha política desculturadora de forma plena, otros simularon, y siguieron apegados a sus culturas ancestrales, surgiendo lo que muy bien se le ha dado en nombrar intelectuales vernáculos, hombres y mujeres, portadores de esas culturas e historias negadas, que no demandaban mediante un discurso intelectual teórico sus derechos a ejercer esas culturas, sino que simplemente las practicaban, se apropiaban de los espacios. Fueron verdaderos sabios que mostraron que, realmente, no hubo un triunfo total de la cultura de la clase dominante, sino que las verdaderamente victoriosas, fueron las culturas y religiones de los históricamente marginados. Ahora la situación se ha complejizado, y en el seno de ellas existen tendencias que bien evidencian sus dinámicas particulares, que forman parte de un fenómeno general que se aprecia en todas las sociedades de población blanca y negra.

Hace poco hubo una polémica entre dos investigadores cubanos: Esteban Morales y Enrique Patterson a partir de un ataque que le hiciera el primero en su escrito “El tema racial y la subversión anticubana” ¿No crees que hacer pasar un tema tan sensible como el de la problemática racial por las orejas del esencialismo político impide articular nuestros debates y discusiones desde otras lógicas y posicionamientos históricos, culturales, regionales, globales, y humanos más urgentes y trascendentales? ¿Qué opinión te merece esta polémica en cuestión?

Para nadie es un secreto, que en dicho debate Esteban Morales salió muy mal parado. Para debatir sobre algo tan delicado, sensible como la cuestión racial, hay que manejar una información objetiva, tener un conocimiento real de lo que se está criticando. Sin información, conocimiento, y honestidad en el empeño que nos impulsa al combate, nos exponemos al ridículo. Todo lo anterior debe ser tenido más en cuenta si vamos a polemizar con alguien, con quién podemos estar de acuerdo o no, y sobre todo, si pretendemos hacer ese debate en un plano internacional donde serán muchos los que tendrán la posibilidad de acceder a esa discusión. El resultado ya es conocido.

De cierta manera feminista de filmar

Con una brillante exposición, la psicóloga e investigadora, Licenciada Sandra Álvarez Ramírez expuso una tesis con el título De cierta manera feminista de filmar. Re-lectura de la obra cinematográfica de Sara Gómez desde la teoría feminista.

La investigadora obtuvo su grado de Master en Psicología en el marco de la Maestría de Estudios de Género de la Universidad de La Habana. Asistió un nutrido público integrado por académicos, investigadores, personalidades de los medios audiovisuales e interesados.

Este trabajo constituye un valioso aporte a la teoría feminista negra en nuestro país y al estudio de la obra de la destacada cineasta.

viernes, 5 de septiembre de 2008


Tomás González en su definición mejor


Que Tomás González es sin duda una de las personalidades más singulares del teatro cubano contemporáneo, es cierto. Pero que ha sido también una de las figuras más olvidadas lo es también. Algunos lo descubrieron por el estreno de Los juegos de la trastienda y por los éxitos que obtuvo en los dos festivales del monólogo celebrados en 1988 y 1989, particularmente con La artista desconocida y Mamá yo quiero ser Fred Astaire. Los más avisados saben que este dramaturgo es el autor de dos guiones trascendentes en el cine cubano: quizá el más audaz, De cierta manera, escrito junto a la desaparecida directora Sara Gómez y el más perfecto La última cena, con el también fallecido Tomás Gutiérrez Alea.
Este autor es creador de una prolífica producción de textos dramáticos. Su vocación como maestro lo ha llevado a ser profesor de dramaturgia, de dramaturgia de la danza y sobre todo de actuación. Sin embargo ha pesar de ser un incansable hombre de teatro ha tenido pocos estrenos y publicaciones .

Pero Tomás es esencialmente un hombre de la cultura cubana.
En el teatro dramaturgo, director, actor, Tomás llegó a ser el profesor de actuación más influyente a finales de la década del 80 y el único que ha creado su propio método de Actuación Trascendente con el que enseñó y presentó a sus alumnos en los Festivales del Monólogo sobre todo en los años 1988 y 1989. Como músico ha participado en incontables experiencias y se ha presentado durante años como cantante profesional. Como pintor ha realizado diversas exposiciones.
Este hombre, tan bien dotado para la creación, ha tenido la intuición, el don o la suerte de estar siempre presente allí donde estaban a punto de desarrollarse importantes acontecimientos artísticos que marcaron una época entre nosotros y que todavía están dando sus frutos. Es capaz de captar, llegado el momento, el rumbo preciso y necesario que tomarían los acontecimientos. Tomás González es un hombre extremadamente culto en el mejor sentido, esto se puede apreciar en la forma en que es capaz de utilizar su acervo relacionándolo con el resto de sus conocimientos y su creación. Un caso notable y mágico fue el de Yago tiene feeling (1962); la había escrito en una noche y la leyó en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional. Por esa época recuerdo que Tomás cantaba y se identificaba plenamente con las búsquedas del personaje Yago. Él quería hacer lo que Yago, todos lo sabíamos. Pero lo mágico fue que Pablo Milanés lo hizo. En esa obra se insertan tres canciones: el tema Yago tiene feeling, con letra de Tomás González y música de César Portillo de la Luz, y las dos restantes con letra y música del propio Tomás. Yago expresa sus propósitos artísticos cuando dice: “No me apresuro. Busco una voz, la voz de estos tiempos. Aún no la he encontrado [...] Estoy en una cosa distinta. Algo que se le escapa al feeling de las manos. Es el después del feeling.”

En un interesante trabajo, el musicólogo y ensayista Leonardo Acosta, caracteriza la obra de Pablo Milanés en su primera etapa como compositor y cantante, una obra de transición entre el feeling y la Nueva Canción o Nueva Trova ,.Me parece adecuado mencionar también, para ilustrar este proceso, la canción Tú mi desengaño, a mi juicio la última del feeling y la primera que ya no lo es propiamente, ese después del feeling a que se refiere Yago. Claro que esta evolución estaba ya en el ambiente musical, y no en un solo creador, pero lo importante fue cómo el dramaturgo logró captar la lógica del devenir artístico en ese momento. Y no es extraño que Pablo por su trayectoria y talento lo asumiera. Veinte años después Tomás nos demostró que entendió aquello, y con la mayor naturalidad del mundo escribió la segunda parte: Ote vino en un charter, que junto a Yago tiene feeling conforman El camino del medio. Yago fue quizás, una anticipación de Pablo. En esa segunda parte el Yago adulto se identifica claramente con la personalidad artística
de Pablo Milanés, en la que se inspira ahora de una manera consciente. No me canso de asombrarme de esa coincidencia, pero Tomás no se inmuta.

En un concierto celebrado en 1968 en la escalinata de la Universidad de la Habana ocurrió un suceso artístico memorable. Tomás González estuvo entre sus protagonistas. Se estrenó una elegía al Che Guevara, inspirada en cantos funerarios de origen yorubá. Esta obra estuvo en la génesis de la idea de crear una agrupación con instrumentos tradicionales que sería precursora de posteriores trabajos en ese sentido. Allí se reunieron Sergio Vitier, Rogelio Martínez Furé, Jesús Pérez, Oba Ilú, y otros. Más tarde esta experiencia sirvió de base a la formación del Grupo Oru dirigido por Sergio Vitier de brillante trayectoria desde hace muchos años en el panorama de la música cubana. En el terreno del teatro pudiéramos citar a De cierta manera, cuya versión teatral, adaptada, dirigida y actuada por Mario Balmaceda fue el detonante y antecedente (junto a María Antonia de Eugenio Hernández Espinosa, por supuesto) de toda una corriente de indagación en el mundo popular en el teatro de los 70. Al duro y sin careta (título de la versión teatral del guión del filme) se estrenó primero en las tablas y fue precursora de obras como Chapochachín asere, de Tito Junco, y sobre todo de Andoba, de Abraham Rodríguez. Por si esto fuera poco lo encontramos participando en el Grupo Los Doce en Teatro Estudio. Uno de los esfuerzos más serios por trabajar el teatro experimental entre nosotros. Aquello para él no fue un juego a ser moderno, sino la continuidad que le hizo encontrar la vinculación de lo experimental con una tradición todavía viva y que lo hace legítimo. La disolución del Grupo Los Doce fue uno de .los síntomas de lo que se avecinaba, la hora de “los parámetros”, verdadera catástrofe que conmovió y desmembró en parte el movimiento teatral cubano, cuyas heridas tardaron mucho tiempo en restañarse. Tomás González fue una de los perjudicados por estas funestas medidas contra innumerables creadores.

El nacimiento de Tomás González que él mismo describe como un suceso sincrético, ocurrió en Santa Clara el 29 de enero de 1938 a las once en punto de la noche, (por lo que es Capricornio con ascendente Libra), en una antigua cochera convertida en modesta vivienda. Lo de sincrético le viene porque su madre era negra fina y costurera y el padre blanco, de ojos azules, de dudoso pasado liado con mujeres de mal vivir, y dueño de una vidriera de venta de cigarros y tabacos que encubría sus verdaderas actividades de apuntador. La infancia del niño transcurrió bajo la influencia de sus padres, los relatos fantásticos sobre su nacimiento (dicen que nació muerto y la comadrona lo revivió por puro milagro), y el mundo mágico de las primas de su madre que vivían en la acera de enfrente, en una casa gobernada por tres mujeres. Tomás describe la dualidad de las dos casas objetivadas en sus patios como lugares en que se desarrollaba la sensibilidad del niño, dos cosmos que alimentaron su fantasía y le hacían tomar conciencia de la presencia de seres misteriosos. “Siempre he presentido la existencia de otro mundo paralelo al que vivimos. Y ése no es un mundo soñado, sino que creo a Calderón cuando definió nuestro mundo cotidiano como sueño.”
Al fructífero quehacer teatral que describimos más arriba, y sus incursiones en la música, las artes plásticas y el cine podemos agregar una no menos significativa en el campo de la literatura. Paisaje de mujer es el título de un volumen de poesía publicado en Islas Canarias, lugar donde el autor ha vivido por muchos años. Tomás lo firma con un heterónimo, un nombre de mujer. El breve espacio es la novela que debe su nombre al de la canción de Pablo Milanés El breve espacio en que no estás. Con esta primera incursión este autor nos presenta sus credenciales en la novelística. El momento histórico en que se desarrolla la narración abarca momentos importantes de la vida de su autor. En lo formal, utiliza técnicas en que se entrecruzan la fabulación y las entradas y salidas de la realidad que le tocó vivir. Esta obra, que esperamos se de a conocer al lector cubano, promete ser una de esos textos esclarecedores que nos dejan ver lo que fuimos en un pasado reciente y lo que podremos lograr en un futuro mejor. Mucho habría que hablar de Tomás González, un intelectual, un hombre de la cultura cubana de su tiempo que alcanza con el conjunto de su obra “su definición mejor”.

Inés María Martiatu Terry
En La Habana y a 25 de marzo de 2008.

Alzar la voz

El proyecto Alzar la voz a pesar de su reciente creación ha realizado ya varias presentaciones con éxitos.

1-Concierto en el. Teatro “Mariana Grajales”. La Habana. Primera Presentación en público. 5 de marzo de 2008.
2- Presentación en el Pabellón Cuba. Espacio de la Juventud. 14 de marzo de 2008.
3- CUBADISCO. Feria del Disco Cubano. Dedicada África y su diáspora.
4 - Presentación con los poetas africanos Salari Miquiwa (El Príncipe de la poesía Africana) y Manda Chewa. Con la participación de las poetas cubanas Georgina Herrera, Soleida Ríos y Caridad Atencio. 21 de mayo de 2008.
5 - Festival de Poesía de La Habana. Inauguración y Clausura. 26 y 31 de mayo de 2008, respectivamente. Organizado por la UNEAC.
6. Presentaciones en Cienfuegos. Sede de la UNEAC, Biblioteca Ateneo y Escuela de Instructores de Arte. 27 de mayo.
7-Festival de Música y Poesía Arte Más. En La Madriguera (espacio emblemático de la cultura alternativa) y en La Casa de la Poesía en La Habana. 19 de julio de 2008.

OTRO ORIKI A ROGELIO


Allá por los años 50´yo todavía vivía en la casa en que nací en San Miguel 809 entre Soledad y Aramburu en el inefable barrio de Cayo Hueso. Todos los días me asomaba a la ventana o me paraba en la puerta y veía pasar a un muchacho muy delgado y de aspecto formal. Caminaba con su cuerpo muy derecho en dirección a Aramburu y seguía por la cuadra que rodea El Parque Trillo. Él siempre despertó mi curiosidad, pero jamás se fijó en mí. Seguramente porque era unos años mayor que yo y no me tenía en cuenta. Un día, por un amigo que visitaba mi casa supe que era de Matanzas, que vivía casi al doblar, en San Rafael y Soledad y que todos los días se dirigía a la Universidad donde estudiaba la carrera de Derecho.

Llegó el triunfo de la Revolución y me encontré de pronto envuelta en aquella vorágine prodigiosa en que todo parecía ser posible y en realidad lo era. Continué mis estudios de bachillerato, pero ya no me interesaban los de piano. Participaba en las más inimaginables actividades de todo tipo. Al recordarlas parece increíble que tuviéramos tiempo para todas.

Foto: Mónica Alonso

Un día, la dirección de la Asociación de Jóvenes Rebeldes nos encargó a mí y a otras amigas, entre las que se encontraba Sarita Gómez que ayudáramos a organizar la AJR en la Escuela Anexa de San Alejandro, para fortalecer al grupo exiguo que militaba en aquel centro. Allí encontramos a algunos personajes inolvidables pero sobre todo a Manolito Mendive. Otro día nos confiaron nada menos que 8 páginas del Mella, el órgano de la Juventud de entonces. Era una sección fija con el título de CULTURALES donde escribíamos entre las dos con la mayor osadía de cuanto acontecimiento artístico se producía entonces. Y también se nos abrieron las páginas del suplemento Cultural Hoy Domingo.

Así fueron llegando y reencontrándonos con los amigos que nos habían de acompañar hasta hoy. A Nancy Morejón, Humberto Solás, Fernando Pérez y su hermana, la querida Trini, que ya conocíamos del Instituto de la Habana, se unieron los grupos que se reunían en la Biblioteca Nacional, en la circulante: Eugenio Hernández, Ana Justina y Mario Balmaseda que ya había sido compañero de algunas fiestas de quince años atrás, Gerardo Fulleda León, Maité Vera y otros alumnos del mítico Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional. Entonces se produjo un acontecimiento que habría de cambiar para siempre mi punto de vista sobre la cultura, y mi propia identidad como negra, como cubana: la convocatoria para el Seminario de Etnología y Folklore del Teatro Nacional de Cuba. Al llenar la solicitud casi no sabíamos qué escribir en el pretencioso acápite Curriculum Vitae.

Nosotras, Sarita y yo fuimos admitidas como alumnas “supernumerarias”, es decir que podíamos asistir pero no éramos becadas, no nos pagaban como a Miguel Barnet, a Alberto Pedro Díaz, a John Dumolin, a Jorge Berroa, al propio Rogelio y otros alumnos aventajados que nos miraban con incredulidad aunque no poca simpatía.

Así comenzamos a profundizar en un mundo que habíamos desconocido o quizá más bien desatendido hasta entonces por su proximidad. Para ello nos llevaron de la mano Argeliers León, María Teresa Linares, Isaac Barreal y el inolvidable maestro Manuel Moreno Fraginals.

A pesar de la autoridad de todos estos grandes pedagogos fue con el entonces joven Rogelio Martínez Furé, con su palabra precisa y apasionada siempre, que descubrí que todo aquello había estado a mi alrededor desde siempre. Que Nieves Fresneda, una señora humilde y cercana, cantante de La Comparsa de la Bollera era una excelsa artista y además hija de una reina, Yemayá. Que Jesús Pérez, al que hasta entonces consideraba un joven apuesto sí, pero una más de las personas comunes que vivían en el barrio, era en realidad un Rey o que Cornelio Estrada que era el director de Los Componedores de Batea, la comparsa de mi barrio y muchos de sus integrantes eran poseedores de una cultura otra que yo tendría que apresurarme a estudiar, a reconocer e integrar para ganancia mía a mi propia identidad. Una de las mayores sorpresas fue saber que los Eforienkomó Usagaré Muñanga, la potencia abakuá de Cayo Hueso, plantaban en un solar de mi propia cuadra y eran auténticos, no como los usagaré de los muñequitos de Tarzán que leía semanalmente.

A pesar de que mi padre, el único comunista de la familia, con su aspecto de profesor atildado o quizá por ello, sabía bailar y apreciar una rumba legitima. Y de que mis tíos y primas se reunían en mi casa y fueron parte del movimiento del feeling, fue Rogelio el que me abrió definitivamente no sólo al conocimiento sino a la asunción de la cultura popular.

Luego se sucedieron otros aportes fruto de la sensibilidad y la laboriosidad de este gran amigo. Su Antología de Poesía Yoruba para Ediciones El Puente, nos mostraba que la Santería era más que una religión y que venía de una cultura clásica. Y ese otro regalo espléndido para nuestra identificación con nuestras raíces que fueron los dos tomos de Poesía Anónima Africana donde la espiritualidad del continente alcanza las más altas resonancias y venía a consolidar la estimación, el respeto y la percepción necesaria de la esencia de esa África nuestra tan injuriada y negada. Más tarde a través de su verbo y de sus traducciones se nos hicieron familiares los nombres y las obras de muchos poetas que venían a consolidar esa convicción: Leopoldo Sedar Senghor, Aimée Cesaire, León Gontram Damas, Amadou Hampate Ba, los Diops, Agostinho Neto, Reabearivelo y muchos otros, cuyas voces negras nos llegaban de África, de Madagascar o del propio Caribe, para orgullo y certidumbre nuestra.

En varias ocasiones he caracterizado los años 60´ como el segundo momento más alto de reconocimiento del aporte de las culturas de origen africano y populares en nuestro país, después del movimiento Negrista o Afronegrista de los años 20 y 30. Es cierto que ha sido una labor colectiva en que se han destacado muchas más voces y alcanzado mayor resonancia popular y nacional que en aquella primera vanguardia. Tenemos que reconocer el gran aporte de Rogelio en esta importante etapa. A Rogelio le debemos mucho, su presencia, su canto, su capacidad de devolvernos toda esa belleza como él solamente sabe expresar. Y entre otras obras, la creación del Conjunto Folklórico Nacional, la laboriosidad con que ha compuesto los tomos de poesía africana de autor, su Diwan. Y no digo más.

Gracias, hermano, porque lo demás todo lo que hemos vivido a tu lado y gracias a ti, como se dice vulgarmente, es historia.

Inés María Martiatu (Lalita)
En La Habana a 27 de agosto de 2007 y 70 años de Rogelio

Foto: Mónica Alonso